lunes, 4 de agosto de 2008

SÍNDROMES GERÍATRICOS

SÍNDROMES GERIÁTRICOS
Dr. Felipe Martínez Aronte

INTRODUCCIÓN
Una de la grandes justificaciones para que se apoyara el desarrollo de la geriatría ha sido la dificultad que se tiene en el abordaje de los problemas más frecuentes en esta población y por tanto, su retraso en el diagnostico y tratamiento. Con frecuencia este grupo de edad presenta manifestaciones atípicas de enfermedad y entre las que vamos a observar son precisamente los llamados Síndromes Geriátricos: la inmovilidad, las caídas, la incontinencia y el delirio entre los más importantes. Por tanto, es necesario que conozcan en forma general sus características, su manejo y prevención. El paciente geriátrico frágil sería aquel que por tener determinados déficit en múltiples áreas esté expuesto a presentar los diferentes síndromes geriátricos.
SÍNDROME DE INMOVILIDAD
Definición: la inmovilización es la reducción de la capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria por deterioro de funciones relacionadas con el sistema neuromusculoesquelético.1,2 Se le considera una vía común a través de la cual muchas enfermedades y trastornos del adulto mayor producen gran discapacidad.3 Con frecuencia contribuimos al deterioro de la movilidad de la población de edad avanzada. Epidemiología: 18% de personas mayores de 65 años tienen problema para movilizarse por sí mismos y a partir de 75 años, más de 50% tienen problemas para salir de su casa, estando un 20% confinados en su domicilio. De 7 a 22% de los pacientes geriátricos hospitalizados sufren restricciones físicas, ya sea en el postoperatorio inmediato, o por alteraciones del estado mental o caídas. Diversos estudios informan que muy pocas veces se menciona en la historia clínica las distintas situaciones de inmovilidad, y el personal que trabaja con este grupo de población no le da importancia al grado de capacidad funcional de sus pacientes.4 Etiología: Las causas de inmovilidad son: a) dolor y rigidez; b) parálisis y paresias; c) debilidad generalizada; d) alteraciones de los órganos de los sentidos; e) confusión, demencia y depresión; f) iatrogenia y miedo a caerse, g) incontinencia.
En 80% de los casos, los factores que llevan a la inmovilidad son múltiples, encontrándose en sólo 20% de los casos una sola causa de inmovilidad.
Consecuencias:
Físicas: generales
Debilidad desnutrición, hipotermia
Respiratorias: reagudización de EPOC, neumonías
Cardiovasculares: trombosis venosas profundas, tromboembolia pulmonar, hipotensión ortostática
Digestivas: anorexia, estreñimiento, incontinencia fecal
Urinarias: incontinencia urinaria, infección urinaria, retención urinaria, litiasis
Locomotor: atrofia, contracturas, osteoporosis
Piel, úlceras por presión
Inestabilidad, caídas, miedo a caídas
Mentales: delirio, depresión, ansiedad.
Sociales: aislamiento dependencia, institucionalización.
Valoración: tenemos que aplicar una historia clínica que incluya lo siguiente: investigar la naturaleza y duración de las discapacidades que causan la inmovilidad, problemas médicos que contribuyen a la inmovilidad, fármacos que afectan la movilidad, también debemos conocer cómo es el ambiente donde está viviendo y realizar una evaluación psicológica. En la exploración física: piel y estado cardiopulmonar. En la valoración musculoesquelética: fuerza y tono muscular, rango de movimiento articular, deformidades y lesiones de los pies, exploración neurológica completa.

Síndromes Geriátricos: la inmovilidad, las caídas, la incontinencia y el delirio.El paciente geriátrico frágil sería aquel que por tener determinados déficit en múltiples áreas esté expuesto a presentar los diferentes síndromes geriátricos.
Niveles de movilidad: movilidad en la cama, capacidad para trasladarse de la cama a una silla, movilidad en silla, movilidad en silla de ruedas, equilibrio de pie y marcha.5 Es también muy importante evaluar la funcionalidad del paciente a través de las diferentes pruebas que nos indique si hay limitación para poder realizar sus actividades de la vida diaria, así como también las actividades instrumentales.
Tratamiento y prevención Se tratarán las causas médicas detectadas, y se dará tratamiento a base de rehabilitación; se vigilará a través de la aplicación de las pruebas funcionales que nos indiquen la buena o mala respuesta al tratamiento. Debemos prevenir la inmovilidad que se presenta en el paciente cuando es hospitalizado, ya que a menudo puede conducir a una cascada de eventos, que pueden terminar en la institucionalización o muerte del paciente. Por esta razón se deberá movilizar al paciente lo antes posible, con movimientos activos y pasivos, y reforzando la realización de las actividades de la vida diaria. Tenemos que evitar los fármacos que dificultan la movilidad del paciente y se limitará el uso de restricciones físicas.6 Úlceras por presión: Son el resultado de la pérdida tisular por necrosis isquémica, generalmente derivada de la presión ejercida sobre una prominencia ósea. La compresión prolongada de los tejidos comprendidos entre el plano óseo y un soporte duro, provoca una isquemia–estasis del flujo sanguíneo, originando anorexia tisular, que conduce finalmente a la necrosis.7 Es una de las complicaciones más difíciles de tratar del síndrome de inmovilidad. Sin embargo, hay otros factores que también pueden contribuir a que se presenten: incontinencia urinaria y fecal, desnutrición, anemia, hipoproteinemia, hipoalbuminemia, lesión neurológica, trastornos vasculares periféricos, deshidratación, piel seca o descamativa y alteración del nivel de conciencia.8 Valoración clínica: Estadio I. Hiperemia que blanquea (eritema cutáneo). Estadio II. Hiperemia que no blanquea. Estadio III. Formación de ampolla y escara. Estadio IV. Ulceración. Desde el punto de vista de su extensión se clasifican en: Grado 1. Respuesta inflamatoria que abarca todas las capas de tejidos blandos, con un área de ulceración confinada a epidermis. Grado 2. Se extiende a través de la dermis hasta la grasa subcutánea. Grado 3. Úlcera que se extiende a través de los tejidos subcutáneos hasta la fascia profunda. Grado 4. La lesión llega al músculo y a estructuras más profundas. Para la detección de los pacientes geriátricos con riesgo de desarrollar úlceras por presión, se han desarrollado diversos instrumentos de evaluación de los cuales el más utilizado es la escala de Norton (Cuadro 1).
Tratamiento
El mejor tratamiento es siempre la prevención, la educación al cuidador y al profesional de la salud en todas las medidas dirigidas a aliviar la presión.
Cambios de posición cada dos horas.
Evitar el sedentarismo. Las sillas deben ser cómodas y tener respaldo vertical con almohadilla especial de alta consistencia, evitando usar almohadas y donas.
La piel debe permanecer limpia y seca.
Enseñar al paciente a realizar cambios frecuentes de posición.
Determinar la necesidad de recursos técnicos de protección, como por ejemplo colchones especiales (de agua, aire, etc.).SÍNDROME DE CAÍDASDefinición: La caída se define como una precipitación al suelo, repentina, involuntaria e insospechada, con o sin lesión secundaria, confirmada por el paciente o un testigo. Epidemiología: los accidentes son la 6ª causa de mortalidad en personas mayores de 75 años, y de éstos, las caídas son la principal causa, 20% de los hombres mayores de 65 años y 40% de las mujeres de 65 años y más, tienen historia de caídas. El riesgo es mayor en personas hospitalizadas, sobre todo en la etapa inmediata a su ingreso, por rechazo a una actitud sobreprotectora. La complicación más frecuente es la fractura de cadera, y ésta, a su vez, los vuelve más vulnerables para la hospitalización y dependencia, y la mortalidad se eleva a 15% para personas de la comunidad y 45% para aquellos que están en instituciones.1 Etiología: La mayoría de las caídas es ocasionada por diversas causas que se dividen en intrínsecas y extrínsecas.
Causas intrínsecas:
Relacionadas con la edad
Cambios en el control postural: alteraciones en la propiocepción, disminución de los reflejos, disminución del tono muscular, aumento del balanceo postural.
Cambios en la marcha: menor elevación de los pies al caminar, pasos más cortos y menor velocidad
Enfermedades agudas y crónicas (a mayor número de enfermedades aumentará el riesgo de caídas) y el consumo de ciertos medicamentos
(Cuadro 2)
Causas extrínsecas:
Suelos: deslizantes, mojados, alfombras sin apoyo.
Cuarto de baño: falta de barreras de apoyo, retretes de altura inadecuada, ausencia de antiderrapantes.
Cocina: difícil acceso a los utensilios
Habitación de dormir: camas de altura inadecuada (demasiado altas, esto ocurre con más frecuencia en los hospitales)
Zonas de tránsito: obstáculos que dificultan el paso.
Escaleras: falta de pasamanos, escalones de altura inadecuada
Iluminación: defectuosa o excesiva, interruptores de difícil acceso.
Ropa: mal ajustada, zapatos de suela resbaladiza, tacones altos y estrechos.
9
Los factores de riesgo más importantes para la aparición de caídas son:
Debilidad muscular.
Alteraciones de la marcha y el equilibrio.
Deterioro de las funciones mentales.
Deterioro en las actividades de la vida diaria.
Utilización de varios fármacos.
1
Consecuencias:
Inmediatas

Lesiones menores en partes blandas y fracturas que son más frecuentes en la cadera, el fémur, el húmero, las muñecas y las costillas; también se debe considerar la posibilidad de un hematoma subdural, después de un deterioro cognitivo no explicable
La caída se define como una precipitación al suelo, repentina, involuntaria e insospechada, con o sin lesión secundaria, confirmada por el paciente o un testigo.

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La dificultad de levantarse se produce en 50% de casos, y 10% de ellos permanece en el suelo más de una hora, lo cual puede provocarle deshidratación, infecciones, y trastornos psicológicos, y en algunos podría presentarse un cuadro de hipotermia, que lo pude llevar a la muerte hasta en 90% de casos10
II. Consecuencias tardías
Limitación funcional que lo puede llevar hasta la inmovilidad con todas sus complicaciones.
Síndrome poscaída: es la falta de confianza del paciente por miedo a volver a caerse y restricción de la deambulación, ya sea por él mismo o por sus cuidadores, llegando al aislamiento y a la depresión
Evaluación clínica: Se debe realizar una historia clínica completa que incluya la historia farmacológica y sus hábitos; características y consecuencias de las caídas, exploración cardiovascular descartando que exista hipotensión ortostática, exploración neurológica, de extremidades y de los sentidos, valoración mental y social, estudio de la marcha y el equilibrio, a través de la prueba del equilibrio y la deambulación de Tinetti11 (Cuadro 3). Prevención y tratamiento: se debe dar tratamiento de las consecuencias agudas, y tratar las posibles enfermedades subyacentes, pero lo más importante es prevenir las caídas sin limitar la movilización, la independencia y las actividades de la vida diaria.12
Medidas de autocuidado para prevenir caídas
Conocer qué enfermedades y cuales medicamentos pueden ocasionar caídas.
Revisar la visión y dar atención podiátrica.
Usar anteojos si se requieren (no usar lentes bifocales al caminar).
Usar calzado adecuado (no usar suelas de piel; usar tacones bajos y con superficie amplia).
No usar ropas largas.
Hacer ejercicio físico y dieta balanceada.

Realizar actividades de la vida diaria, tan pronto como sea posible después de una caída.
Tomarse el tiempo necesario para levantarse de la cama o de una silla.

Estar alertas En caso de que ocurra una caída debe informarse al médico, aunque no haya ocasionado daño, ya que puede ser secundaria a una enfermedad de base. También debemos identificar todo tipo de ayuda que sea de beneficio para evitar las caídas (bastón andador, pero su prescripción debe de ser en forma adecuada.)INCONTINENCIA URINARIADefinición: La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina que es objetivamente demostrable y que constituye un problema social e higiénico. La predisposición del adulto mayor a la incontinencia es debida a cambios cerebrales del envejecimiento que afectan el control de la micción.
Por otra parte, con el envejecimiento se presenta disminución de la capacidad de la vejiga, de la distensión de la pared vesical, de la capacidad para posponer la micción, de la aceptabilidad y de la presión del cierre de la uretra, y de la velocidad del flujo urinario; en cambio, hay aumento del volumen residual posmicción, y del número de contracciones vesicales no inhibidas. Todo esto lo hace más vulnerable a presentar incontinencia urinaria, pero no podemos decir que el envejecimiento, por sí mismo, sea la causa de dicho síndrome; por tanto, para que se presente tiene que existir un factor adicional que la origina. Epidemiología: Su prevalencia aumenta con la edad, siendo mayor en pacientes hospitalizados (60%), y en aquellos ingresados en instituciones de estancia prolongada (50 a 90%), a diferencia de la comunidad, donde se reporta de 10 a 23%.13 Por otra parte, puede ocasionar limitación funcional importante, llegando muchas veces al aislamiento social. Clasificación: De acuerdo a su duración: es aguda o pasajera, con una duración de tres a cuatro semanas y persistente o crónica, con una duración mayor a cuatro semanas. Según su frecuencia: es leve, con menos de un episodio a la semana; moderada, con más de un episodio a la semana y menos de uno al día, y grave, con más de un episodio al día. La incontinencia urinaria aguda generalmente se asocia con enfermedad aguda o con ciertos medicamentos
INCONTINENCIA URINARIA CRÓNICA O PERSISTENTE
Se distinguen cinco tipos:
Incontinencia urinaria de estrés: se presenta con aumentos de presión abdominal y se desencadena cuando el paciente presenta tos, risa o ejercicio.
Es más frecuente en las mujeres, sobre todo en aquellas que fueron multíparas por atrofia uretral y debilidad en el piso pélvico. En el hombre se puede presentar por alteraciones uretrales posquirúrgicas. Se caracteriza por pérdidas de pequeño volumen que ocurren de forma simultánea al esfuerzo.
Incontinencia urinaria de urgencia: Debido a: a) contracciones involuntarias vesicales (hiperreflexia del detrusor) por lesión central (demencia); b) pérdida de distensión vesical (hipertonía del detrusor), (cistitis crónica); c) contracciones involuntarias relacionadas con alteraciones del tracto genitourinario inferior (infecciones, cálculos, tumores, hipertrofia prostática).

Incontinencia urinaria por rebosamiento, asociada a vejiga distendida y llena: la causa más frecuente es la obstrucción por patología prostática. Se caracteriza por pérdida de pequeño volumen y la presencia de una vejiga distendida y palpable.
Incontinencia urinaria funcional: cuando es por incapacidad física, factores ambientales, o deterioro cognitivo con normalidad del tracto genitourinario inferior. Puede presentarse en pacientes con inmovilidad, desorientación especial, depresión o aquellos en los que la accesibilidad al baño, o la disponibilidad del personal que lo atiende, no es adecuada. Esto se observa con frecuencia durante la noche.
Incontinencia urinaria mixta: es una combinación variable de las anteriores, siendo más frecuente la asociación de la incontinencia de estrés y de la de urgencia, principalmente en ancianas.
Evaluación: Se debe elaborar una historia clínica tratando de identificar enfermedades y fármacos que puedan contribuir a la incontinencia. Debemos conocer su inicio, frecuencia y dirección. De qué manera repercute sobre el paciente. Así mismo, se buscarán los síntomas más sugestivos de cada tipo de incontinencia. La exploración física deberá incluir: valoración neurológica completa, abdominal y de pelvis, buscando masas y globo vesical, tacto rectal para valorar el tono del esfínter, ampolla y características de la próstata, y en la mujer exploración ginecológica que descarte la presencia de un cistocele etcétera.15-17 También debemos hacer diagnóstico de su funcionalidad en todas sus áreas: física, mental, emocional, social, y ambiental. Dentro de los estudios complementarios tenemos que solicitar: examen general y cultivo de orina, biometría hemática, química sanguínea, determinación de calcio y electrólitos. Será importante realizar medición del volumen residual (normal hasta 100 mL). Con todo esto ya podremos iniciar un primer enfoque diagnóstico y un tratamiento que se presenta en forma de algoritmo. Es importante mencionar algunos aspectos con respecto a las indicaciones y cuidados de la sonda vesical.Está indicada:
Retención urinaria: en el caso de pacientes con incontinencia por rebosamiento con problemas de infección urinaria e insuficiencia renal. O en el caso que no se pueda corregir por medios quirúrgicos o médicos.
Pacientes con úlceras por presión.
Pacientes terminales y moribundos en donde el cambio de ropa o de pañal les impide un verdadero confort.

Cuando lo solicitan los pacientes o los familiares. En los cuidados de la sonda debemos de tener presente que no se deben cambiar rutinariamente, las sondas a menos que estas se obstruyan, no usar antimicrobianos rutinariamente para prevenir o suprimir las infecciones, además de todo lo que implica en relación a su aseo y el mantenimiento de la sonda, para evitar complicaciones. Finalmente, recordar, que existen pacientes que no son susceptibles de tratamiento curativo, pero que sin embargo debemos proporcionarles una “continencia” social, logrando que no se aíslen, ni sean rechazados por la sociedad.DELIRIODefinición: Delirio, llamado también falla aguda, síndrome confusional agudo, reacción psicógena aguda, encefalopatía metabólica y psicosis tóxica. Es una alteración en el estado mental agudo y reversible.9-18 Existe una serie de criterios diagnósticos para definirlo y entre los más utilizados tenemos:
Alteración de la conciencia con reducción de la capacidad para mantener o dirigir la atención.
Cambio de las funciones cognoscitivas (como deterioro de la memoria, desorientación, alteración del lenguaje) o presencia de una alteración de percepción que no se explica por una demencia previa o en desarrollo
La alteración se presenta en un corto periodo de tiempo (habitualmente en horas o en días) y tiende a fluctuar a lo largo del día.
Demostración a través de la historia clínica o de las pruebas de laboratorio de que el delirio tiene una o varias etiologías orgánicas19
Puede ser la forma clínica de presentación de una enfermedad física grave o aparecer como complicación de una enfermedad o de su tratamiento. Epidemiología: Los pacientes con delirio pueden requerir mayor atención del personal de salud, tienen una estancia hospitalaria más prolongada y en algunos casos llegan hasta la institucionalización.
Se estima una prevalencia de 10 a 60%. Al ingreso al hospital se hace el diagnóstico con una frecuencia de 11 a 24% y de 5 a 35% a lo largo de su estancia hospitalaria.20 El delirio pude ser el primer indicador de una demencia subyacente, o por el contrario, la demencia es un factor de riesgo para el desarrollo de delirio. Se informa en la literatura que 40% de pacientes con demencia presenta delirio a su ingreso al hospital, mientras que el total de enfermos con delirio 25% tenían demencia. En pacientes postoperados por cirugía general, se informa una incidencia de 10 a 15%, pero esta es mayor en cirugías por fractura de cadera, siendo superior a 50%.21-22Factores de riesgo
La edad: a mayor edad, aumenta su incidencia
El estado nutricional: pueden ser las dificultades de masticación por falta de piezas dentarias, psicológicas como la depresión o sociales, como la escasa pensión que reciben algunos o bien las tendencias al aislamiento sin darle importancia a una buena alimentación.
La disminución de la agudeza visual o auditiva contribuye al aislamiento y aumenta la inseguridad y el temor ante cualquier cambio de ambiente, dificultando su adaptación.
Las situaciones de estrés psicológico como son la muerte de un ser querido, o el miedo a la tecnología cuando ingresa a un hospital para tratamiento médico o quirúrgico.
Los cambios de domicilio; ya sea por tener que irse a vivir con algún familiar, o en el caso de tener que estar cambiando de vivienda constantemente, para irse a vivir con diferentes hijos, dificultándosele su adaptación.
El consumo excesivo de fármacos o alcohol lo puede llevar a presentar efectos secundarios, ya sea por error en la dosis tomada o por duplicación de toma.23, 24
Todos estos factores pueden llevar al adulto mayor a un alto riesgo de presentar un cuadro de delirio. Cuadro clínico: Su forma de inicio generalmente es brusca, desarrollándose en el curso de varias horas o varios días. Presenta fluctuaciones a lo largo del día, pero al comenzar a oscurecer se agita. Es frecuente que se presente un cuadro de intranquilidad, hipersensibilidad a los estímulos visuales y auditivos, e inversión del ritmo sueño–vigilia.25 Se han distinguido tres tipos de delirio.

Delirio hipoactivo: el paciente está letárgico y adormilado, responde lentamente a las preguntas, casi no inicia ninguna acción, y es fácilmente diagnosticado como deprimido.
Delirio hiperactivo: El paciente se encuentra inquieto y agitado. Esta variante se observa en pacientes que suspendieron de manera brusca el alcohol o los sedantes.
Delirio mixto: se caracteriza por cambios impredecibles de hipoactividad a hiperactividad o viceversa.26
Diagnóstico
A pesar de sus muchas características clínicas, es relativamente fácil su diagnóstico, siempre y cuando se elabore una historia clínica completa que incluya un examen mental y pruebas de funcionamiento (memoria, concentración, razonamiento, apraxia motora y constructiva)
Historia farmacológica y correlacionar los medicamentos que esté tomando con la conducta anormal
Exploración física: con un examen neurológico.

Exámenes de laboratorio: biometria hemática completa, química sanguínea, electrolitos, albúmina, pruebas de función hepática, gases en sangre, examen general de orina, electrocardiograma, placas de rayos X.
Exámenes de laboratorio basados en la clínica: Electroencefalograma (muestra un enlentecimiento difuso de actividad de fondo, tomografía computarizada (hidrocefalia normotensa, etc.) punción lumbar (infecciones o hemorragia). Otros: tiamina, niveles de folatos, pruebas tiroideas.18-27.
Es muy importante hacer el diagnóstico diferencial con las demencias Cuadro 5.
Tratamiento:
Preventivo: en primer lugar tenemos que identificar factores de riesgo, para evitar que se instaure dicho cuadro. En segundo lugar, evitar cambios repetidos de habitación, disponer de iluminación adecuada y fomentar la comunicación con el enfermo. Uso de medicamentos: el agente más eficaz en el control de la agitación es el haloperidol, por su potencial antisicótico y sus menores efectos anticolinérgicos. Algunos antidepresivos, como la trazodona, han demostrado eficacia en la sedación nocturna y en la agitación resistente a neurolépticos. Las benzodiacepinas se emplearán raramente, ya que pueden inducir una respuesta paradójica con aumento de la agitación o efecto rebote en los momentos de privación. Su empleo está limitado a pacientes con un gran componente de ansiedad y cuando la privación de estos fármacos es la causa del delirio.28.
Fuente: MARTÍNEZ A. Felipe. (2005). "Síndromes geriátricos". consultado el 04 de agosto del 2008, de http://www.drscope.com/pac/mg-2/7/mg2t7_p38.htm

APRENDER DE LOS VIEJOS Y CON ELLOS

Aprender de los Viejos y con Ellos
Reflexiones desde un taller formativo
Martín Linares
Universidad Pedagógica Nacional / México
mlinares@ajusco.upn.mx
Introducción.
Las siguientes líneas surgen de nuestras reflexiones sobre los aprendizajes en la Vejez. Aquí la palabra nuestras se refiere a que algunas de ellas son ideas que he propuesto en un seminario-taller que he coordinado y otras surgieron de la experiencia de trabajo de los participantes con viejos. El seminario-taller fue intensivo (20 horas en dos sesiones) y se llevó a cabo en abril de 2000 como parte del curso El coordinador de grupos de la tercera edad, organizado por el Instituto Nacional de la Senectud en su Programa de Educación Continua para personal que atiende grupos de viejos. Los treinta participantes en ese taller tenían formaciones y experiencias diversas: médicos, psicólogas, psiquiatras, enfermeras, trabajadoras sociales, religiosas y administradores. Todos demostraron que les sobraba interés, compromiso y cariño hacia su tarea y hacia quienes iba dirigida.
El nombre mismo del curso apuntaba a una idea y un objetivo educativo con el que coincidíamos: formar a coordinadores de grupos de viejos partiendo de su pertenencia a grupos con necesidades propias, en una modalidad de atención que busca ir más allá de lo individual, curativo, asistencial, o de un enfoque médico reduccionista. Diseñar una modalidad de trabajo educativo con grupos de viejos que pusiera el acento en lo grupal y lo comunitario por encima de lo individual, en lo preventivo sobre lo curativo, en lo integral por encima de concepciones fragmentarias y disociadas. Buscar el trabajo interdisciplinario en equipo, por encima de la intervención unidimensional desde la mirada de las especialidades y sus imaginarias jerarquías, o desde la tarea solitaria y empírica.
Actividades. Las sesiones del seminario-taller abordaron dos unidades temáticas de interés teórico-conceptual y práctico. La primera se dedicó a compartir y debatir un enfoque que operó como punto de partida y referencia: ubicar la cuestión del aprendizaje durante la tercera edad, en una perspectiva más amplia, en el mundo vital de la vejez. La última parte de este bloque incluyó una reflexión colectiva sobre un aspecto fundamental: el de nuestra relación con los viejos, nuestra visión y, sobre todo, nuestra actitud hacia ellos. La otra unidad, a la que dedicamos la segunda sesión, buscó indagar aspectos práctico-operativos inmediatos, haciendo énfasis en los grupos de viejos con los que desarrollan su trabajo educativo los participantes en nuestro taller.
Aprendizajes en la vejez
Para esta sesión partimos del texto "Reflexiones sobre el ciclo de vida del Dr. Borg", de Erik Erikson y la película Fresas silvestres, de Ingmar Bergman. La elección del contrapunto entre esta obra de arte cinematográfico y el texto científico (ambos giran alrededor de la vejez), no sólo se basó en el hecho de ser, para nuestros propósitos formativos, dos recursos didácticos prácticos, accesibles, de primera calidad y complementarios, sino también en su mismo contenido. Por un lado, la brillante película de Bergman muestra el poder estético del cine, el teatro y la literatura para acercarnos, para aprehender el mundo y la sicología de la vejez de un modo distinto, a veces mucho más poderoso que un texto científico. Freud ya había señalado, respecto de las profundidades del ser humano, que el arte había llegado mucho antes y más lejos que las ciencias.
Por otro lado, el texto de Erikson realiza un estupendo análisis teórico-conceptual sobre la película; para ello, retoma sus propios y fecundos planteos anteriores sobre la noción de ciclo vital, las etapas críticas y las problemáticas típicas que suelen configurarse en esas etapas. Esos aportes son fundamentales porque han ampliado radicalmente el campo de la sicología evolutiva, que antes solía centrarse sólo en la sicología de dos etapas: la niñez y la adolescencia (vistas como las etapas de cambio por excelencia). Al incorporar Erikson la visión del ciclo vital en su conjunto, con la noción de crisis y de etapa crítica, la adultez dejó de verse como si fuera una meseta igual a sí misma, una totalidad continua, plana e indiferenciada; planteó estas etapas distintas como "las ocho edades del hombre", cada una marcada por una dinámica y un juego de conflictos particular, que gira alrededor del enfrentamiento entre dos fuerzas o tendencias opuestas, desde el nacimiento hasta la madurez. Son las tareas de desarrollo que los hombres y mujeres debemos cumplir en cada una de las etapas de nuestra vida y las alternativas de éxito o de fracaso que enfrentamos. En esta perspectiva, Erikson ubica y analiza, a partir de la película, la última etapa, la de la vejez, definida por un conflicto predominante: integridad del Yo vs desesperación. Por medio del personaje central, Erickson hace accesible al lector muchos conceptos psicoanalíticos, los hace jugar de modo que permite la comprensión de muchos conflictos y conductas defensivas de la vejez.
Iniciamos la primera sesión con la proyección de la película, después de la distribución y lectura del texto por parte de los participantes. Luego de un receso se pidió a los participantes que plantearan las preguntas e inquietudes que surgían del material leído y visto, partiendo de su interés en el trabajo con los viejos; éstas fueron tomadas como emergente grupal para, a partir de ellas, plantear las ideas iniciales para su discusión en pequeños grupos y luego en plenaria. El interés concreto de los participantes parecía centrado en comprender cómo aprenden los viejos. Esto abría a su vez una serie de preguntas: ¿puede decirse que aprenden de una manera distinta que otros adultos a los que no consideramos viejos? Sin duda hay fenómenos muy conocidos, como las dificultades sensorio-motrices o mnémicas (memoria larga vs. memoria inmediata, etc.), actitudes de pasividad, de testarudez, de resignación, que si bien no aparecen en cierta edad sí aumentan con ella y son, sin duda, obstáculos para el aprendizaje. Pero más allá de eso, ¿hay una discontinuidad cualitativa que nos autorice a pensar que el aprendizaje de los adultos mayores constituye una categoría aparte? ¿Sería mejor pensarlo como parte de un proceso vital, evolutivo, que nos sugiere ubicarlo como parte de algo que llamaríamos psicología de la vejez?
En este sentido podríamos retomar aquello de que "se envejece como se vive", y que también los viejos aprenden del mismo modo en que viven su vejez. Esto es, su aprendizaje será parte de la manera en que registran y significan al mundo y a sí mismos; la forma en que viven los cambios, del mundo y de sí mismos, y cómo se defienden de ellos, así como la manera en que se enfrentan a lo nuevo, a lo que no conocen.
Además, carece de sentido pensar el aprendizaje de los viejos en una situación de tipo educativo formal en cuanto a pautas institucionales, contenidos, evaluación o acreditación. Por ello, es más útil pensar en un aprendizaje vital en un sentido amplio, vinculado fundamentalmente al enfrentamiento y conocimiento de situaciones nuevas, de cambio.
Aplicando esta idea de aprendizaje vital en la vejez al texto leído y a la película vista, tomado como caso, lo que interesa desde el punto de vista del proceso de aprendizaje grupal de este taller es que a partir de estas conjeturas y preguntas iniciales lanzadas desde la coordinación, las respuestas y observaciones que surgieron fueron algo así como piezas de un rompecabezas que tratamos de armar entre todos.
Al cierre del trabajo en subgrupos y plenaria, la coordinación del taller devolvió algunas ideas surgidas del grupo, incorporando sus propias reflexiones. Muchos de los participantes reconocieron esas piezas de rompecabezas y relacionaron los rasgos y conductas del personaje de la película no sólo con los de los viejos a los que atendían, sino también con experiencias familiares y aún personales. El personaje que representaba la vejez, así como sus posibilidades de aprender, de cambiar en algo, aún en una situación vital que pareciera oponerse a ello, fueron reconocidos por el grupo como significativos.
Todo aprendizaje significativo incluye a otros, se da con otros, sobre todo tratándose de los niños y los viejos. Es una interacción, un encuentro, un hecho afectivo-social. El complejo tema del aprendizaje de la vejez tiene múltiples dimensiones. La coordinación puntualizó que abordamos sólo algunas de ellas desde un punto de vista psicológico centrado en un enfoque interaccional que, con respecto al aprendizaje privilegia el proceso de interacción entre los seres humanos, como ocurre en toda conducta humana.
Hay parámetros culturales e histórico-sociales que nunca debemos perder de vista. El personaje y el contexto que hemos visto y leído pertenecen a un momento y una sociedad definida. La película es de 1956 y el texto analítico es de 1975, en su versión original. Bergman, el director de la película, es sueco y ubica su obra en la sociedad europea, protestante, nórdica, desarrollada, con un verdadero estado de bienestar; el personaje es un médico retirado viudo y sin problemas económicos. Es nuestra tarea pensar y discernir sobre qué aspectos pueden limitarse a esos parámetros culturales, nacionales, de época y aún de clase social. Qué aspectos remiten a problemas y conflictos psicológicos que pueden considerarse válidos en nuestro contexto y situación de trabajo en la atención a la vejez.
En nuestro trabajo con viejos y para ellos, son ellos mismos nuestro criterio de realidad y de calidad. Al mismo tiempo, son nuestros mayores, nuestros pacientes, nuestros alumnos, nuestros maestros y nuestros principales evaluadores.
Trabajar con los viejos y para ellos.
En esta parte del taller se planteó un tema de elaboración. Es decir, que genera el tópico a discutir y surge espontáneamente de acuerdo al momento emocional del grupo. En esta ocasión, el tema para los participantes fue nuestra actitud hacia los viejos. Abordamos en profundidad el problema de nuestras dificultades y limitaciones para entender y comprender el mundo existencial, la sicología y las necesidades de los viejos. Con la finalidad de impulsar esa reflexión la coordinación del taller planteó un conjunto de hipótesis que provienen de diversas fuentes: desde la experiencia práctica como trabajador de la salud mental y de la educación, hasta la teoría psicoanalítica y el enfoque interaccional, que el grupo sometió a discusión y reformuló, partiendo de su propia experiencia de trabajo con los viejos:
• Las fuentes de nuestras resistencias, generalmente inconscientes, frente a los viejos, son muy diversas: van desde lo cultural, social e institucional hasta lo personal. En el término resistencia se incluyen nuestras tendencias y actitudes, moldeadas desde cada historia familiar particular y nuestras figuras primarias, que son aquellas con las cuales todo ser humano realiza sus primeras interacciones vitales y psicológicas en sus primeros años de vida. Estas intensas interacciones primarias o tempranas van moldeando su personalidad básica, marcando su manera, su modo o disposición de vincularse con otros en su vida futura. Generalmente las figuras primarias son la pareja parental, los padres.
• En el nivel psicológico inconsciente, nuestra aceptación-rechazo hacia ellos está determinada, en última instancia, por nuestra capacidad de aceptar con madurez un hecho inevitable: nuestro propio envejecimiento, con todo lo que implica en cuanto a enfermedad, invalidez, soledad y muerte. Diríamos que, en general, aquellos que más niegan o reprimen esta realidad más tienden a rechazar, alejarse o desvalorizar a los viejos. La sabiduría popular lo desplaza al diálogo del vivo con la calaca: "como te ves, me vi; como me ves, te verás". Shakespeare lo expresó de modo brillante en las reflexiones del joven y sombrío Hamlet con la calavera de su querido Yorick. Como los pintó Goya y los pensó Freud, los viejos son un poco como la calaca para los que creemos que no lo somos y evitamos asumir que lo seremos. Por ello, a menudo los viejos enfrentan nuestro rechazo inconsciente. Y sin duda lo perciben.
• No se trata de que estos miedos básicos existan en algunas personas y en otras no: en mayor o menor grado existen en todas, sean o no concientes. Lo que varía mucho es el nivel de conciencia de ello, la flexibilidad o rigidez, la variedad de mecanismos de defensa inconscientes que inevitablemente usamos frente a esos miedos. Estos dos conceptos que provienen de la teoría psicoanalítica: ansiedades o miedos primarios y mecanismos o procesos defensivos, son útiles para percibir este fenómeno.
Como responsables de las actividades frente a un grupo de viejos, la comprensión y reconocimiento de nuestras resistencias, de esos miedos básicos, así como la capacidad de aceptar nuestro propio envejecimiento, puede ser de utilidad para intentar ver lo que nos pasa, lograr cierta mirada interior. Eso nos puede servir enormemente para "limpiar la lente y enfocar", para
poder ver y escuchar mucho mejor a ese grupo y a las personas que lo forman, con sus motivaciones y necesidades propias. Personas que merecen y deben ser respetadas y atendidas. Frecuentemente, no podemos verlas ni escucharlas bien porque las cubren nuestras motivaciones y necesidades o las de la institución. Y dicho sea de paso, también a menudo confundimos estas dos últimas.
Además de conocer lo anterior, es esencial reconocer nuestras propias limitaciones y recursos personales y de formación, así como tener clara la tarea que nos proponemos. Sólo entonces podremos pensar en las alternativas inmediatas, tácticas o técnicas, para resolver problemas que inevitablemente surgen en esta tarea. No hay receta mágica que nos ahorre enfrentar lo anterior. Trabajar con los viejos puede dar grandes satisfacciones y también duele si no estamos anestesiados, si estamos involucrados con nuestro trabajo y con ellos. Es mejor aceptar ese dolor, pensar lo que sentimos y sentir lo que pensamos, para poder aprender de nuestro trabajo y también de los viejos.
¿Con qué grupos trabajamos? La pregunta con la que iniciamos la última parte del taller contiene a su vez dos interrogantes que explicitamos: ¿cuál es nuestra tarea, los objetivos concretos de nuestra intervención educativo-grupal en cada caso? Y, ¿qué tanto conocemos a nuestros grupos? A partir de estas preguntas, los participantes definieron cuatro tipos de grupos con los que trabajaban y luego se dividieron en equipos por tipo de grupo para profundizar en ambas preguntas. Finalmente, expusieron en pleno sus reflexiones, recibiendo de ella su retroalimentación, que incluía propuestas y puntuaciones desde la coordinación. En apretada síntesis:
Los grupos de diabéticos e hipertensos
Configuran un tipo particular de grupo de aprendizaje, el de educación para la salud. A su vez, en este campo se ubican dentro del tipo de grupo de pacientes crónicos, en los cuales el objetivo es que desarrollen un papel más activo respecto de su enfermedad, que dejen de ser pacientes, pasivos y dependientes frente a la atención médica, para ser actuantes, en el sentido de manejar información sobre la enfermedad y su cuerpo, así como las medidas de autocuidado. Se trata, entonces, no tanto de dar información, sino de lograr un cambio de actitud respecto de sí mismos, que incluye ser más activos y aprender a vivir con, con_vivir esa enfermedad. En otros términos, la autoestima se vincula necesariamente con el cuidado del propio cuerpo. Podríamos decir que aquí se combate el beneficio secundario de la enfermedad: pasar de la queja al autocuidado responsable. Psicodinámicamente recordamos que en toda enfermedad, pero en particular las crónicas, se desarrollan tres procesos vinculados: regresión, agresión y depresión. En este tipo de grupos, la identificación con el otro y la emulación son poderosas palancas psicológicas para el aprendizaje hacia el cuidado autónomo y la salud.
Los grupos de aprendizaje de una habilidad o capacidad específica
En estos grupos específicos son mucho más importantes las motivaciones secundarias, que pueden no ser concientes para los participantes, y que los coordinadores u organizadores de la actividad no deben perder de vista. Para nosotros lo que importa no es que tal o cual participante aprenda bien inglés o carpintería, sino el valor terapéutico-didáctico de tres placeres: el placer funcional, asociado a estar en actividad, manual o intelectual que a menudo se vincula al placer social de realizarla, estar y hacer con otros y el placer de aprender, de comprobar que aún se está en condiciones de hacerlo. Estos tres aspectos confluyen a menudo en una notable mejora de la autoimagen y, por lo tanto, de la calidad de vida.
Los grupos en comunidad, orientados a la promoción de la salud integral con un enfoque preventivo y social
En este sentido se orientan diversas actividades lúdico-sociales, deportivas, educativas o culturales. Una actividad que se ha revelado particularmente eficaz aquí es la práctica colectiva de disciplinas o artes tales como el tai-chi, que en China es muy extendida y actualmente la practican en lugares abiertos sobre todo personas mayores. Otros aspectos de las artes o caminos (senderos, do en japonés), de la salud vinculados a la filosofía oriental, como la dieta, el masaje, la acupuntura y los ejercicios han demostrado una gran utilidad para la promoción de la salud integral de los adultos mayores desde una perspectiva holística.
Los grupos para cuidar a los ancianos más deteriorados, generalmente en los asilos
Este último tipo de grupo fue el que se abordó con más brevedad. Más allá de la falta de tiempo, quizás lo fue así por ser precisamente el más difícil afectivamente. Sólo pudimos dejar planteadas tres reflexiones finales, vinculadas a esa tarea tan cercana con esa situación límite que es la muerte: primero, que precisamente por esa dificultad es doblemente útil la modalidad de trabajo en grupos de tipo Balint, que consisten en grupos periódicos, es decir, que se reúnen con cierta periodicidad y en los que quienes atienden viejos pueden compartir lo que les pasa, hablar abiertamente de las dificultades que enfrentan en su trabajo así como de su estado de ánimo al respecto. Por otro lado, se subrayó la utilidad de incorporar en nuestra formación conocimientos y aprendizajes de una rama que en México comienza a desarrollarse: la tanatología. Finalmente, usar un principio básico comprobado repetidas veces en situaciones límite: el valor humano y terapéutico de la actividad y la actitud de cuidarse entre iguales

Recomendaciones para la acción
1. La actividad formativa se vuelve más compartida, participativa, productiva y estimulante cuando creamos las condiciones para que sus participantes puedan vincular (conectar) los aspectos teórico-conceptuales, ya sea que se aporten desde la coordinación o desde el mismo grupo, con situaciones vividas por los participantes en su vida personal y/o en su trabajo educativo. Tratar de crear esas condiciones es esencial, porque los momentos en que se producen o se descubren esas conexiones no sólo son vividos con placer, sino que operan como dinamizadores o catalizadores de la productividad grupal.
2. En todo trabajo educativo, el trabajo solitario y empírico a menudo termina convirtiéndose en una fuente de repetición y desvalorización inconsciente de esa actividad. En condiciones difíciles como las que hemos revisado y que impone el trabajo con viejos, suele agregarse la desmotivación y el deterioro anímico. A su vez, esa situación puede llevar a dos senderos que se bifurcan, aparentemente opuestos: por un lado el recurso de la anestesia afectiva, del extrañamiento y distanciamiento defensivo respecto de ellos y sus condiciones de existencia incluyendo la muerte, siempre negada. Y por otro, la idealización de nuestra tarea, el desconocimiento de sus límites y el sobre - involucramiento personal. Sin duda este último sendero tiene otras dimensiones éticas, pero suele deslizarse hacia el apostolado que tan a menudo se deposita en los trabajadores de la salud y de la educación, bajo la túnica de la abnegación y el servicio. Esto último obstaculiza el análisis riguroso, compartido y necesario de las condiciones y los límites objetivos y subjetivos de nuestro trabajo. Los talleres formativos realizados con compañeros que comparten una tarea educativa son espacios ideales para estimular ese análisis, necesariamente crítico y autocrítico.
3. En las difíciles condiciones del trabajo con viejos que hemos reseñado, se vuelve doblemente útil lo descubierto y señalado por Michael Balint a mediados del siglo pasado, respecto a los médicos que atendían enfermos terminales de cáncer. Balint organizó grupos periódicos en los que esos médicos podían compartir lo que les pasaba, hablar abiertamente de las dificultades que enfrentaban en esa dura tarea y de su estado de ánimo. A partir de este trabajo de grupo observó que sus participantes podían enfrentar mejor esas dificultades, manejar mejor su estado anímico y atender mejor a sus pacientes. Lo mismo ocurrió repitiendo la experiencia con personal de enfermería. Más allá de la diferencia de situaciones o de la especificidad propia de cada campo (salud y educación), la experiencia de los grupos Balint tuvo proyecciones que creemos fundamentales en un trabajo formativo como el que nos ocupa. Subraya la importancia de incluir aspectos subjetivos que a menudo son negados u olvidados por las instituciones por razones muy fuertes. E ilustra lo que afirmaba José Bleger, uno de los fundadores de la escuela de sicología social de Buenos Aires y de la teoría y técnica de los grupos operativos: todo proceso educativo, en la medida en que es verdadero, tiene también aspectos terapéuticos.

4. Más allá de desarrollar tal o cual tema o contenido puntual de un programa, los talleres formativos como el reseñado apuntan a dejar temas abiertos, a explicitar emergentes, puntos de urgencia e intereses colectivos referidos a una tarea compartida, ubicándose en una perspectiva de verdadera educación permanente y formación continua. En nuestro taller, el caso es abrirse y conocer la tanatología, o de reunirse sin convocatorias de superiores entre compañeros que comparten tareas para discutir casos y hacer seguimiento de grupos atendidos. En talleres anteriores, profesores de preparatoria llegaron a convencerse por sí mismos de la necesidad de empezar a hacer un esfuerzo conjunto y sistemático para conocer mejor a los adolescentes con los que trabajaban y a organizar actividades para ello. A menudo las actividades formativas son invocadas y organizadas por autoridades fugaces que ejercitan recursos y presupuestos que se esfuman y cada vez son más escasos. Se trata de empezar a romper el círculo de repetición, pasividad y dependencia para asumir, desde el trabajo compartido colectivamente, la tarea de la formación para valorizar en el mejor sentido ese trabajo y a quienes lo realizan ante sí mismos y ante quienes lo dirigen: las personas a las que atienden y educan.

Lecturas sugeridas
Bergman, Ingmar (Director), 1956. Fresas silvestres, película, Suecia.
www.blockbuster.com www.librosyarte.com.mx

Erikson, Erik, 1986. "Reflexiones sobre el ciclo de vida del Dr. Borg", en La adultez, Fondo de Cultura Económica, México.
www.fce.com.mx e-mail: ventas@fce.com.mx

Información sobre grupos Balint:
De Benedetti, Cristina, Ester Beker, Haydée Andrés, 1999. "El grupo Balint en la formación de formadores", revista Claves, N° 15-16; segundo semestre; Año IX. Buenos Aires.
www.revistaclaves.8k.com
http://perso.wanadoo.fr/jacques.nimier/el_grupo_balint.htm
La brevedad es el alma del ingenio.
William Shakespeare, dramaturgo y poeta inglés,
1564-1616.

Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe CREFAL. (C) 2002.
www.crefal.edu.mx Av. Lázaro Cárdenas, s/n. Col. Revolución. Tel. (434) 342-81-14Pátzcuaro, Michoacán. México.
Fuente: Revista Decisio, No. 5. Saberes para la acción en la educación para adultos: "apender de los viejos y con ellos". Texto de Martin Linares, consultado el 04 de agosto del 2008, de http://tariacuri.crefal.edu.mx/decisio/anterior/d5/sab8.php

ENVEJECIMIENTO ACTIVO

INFOCOP 7
INTRODUCCIÓN
En el trabajo introductorio de este número ya se ha puesto de relieve que existe una gran variabilidad en la forma de envejecer, que los autores han clasificado como: envejecimiento usual, patológico y óptimo (Baltes y Baltes, 1990). Pero estas distintas formas de envejecer no están determinadas ni prefijadas; y aunque no podemos obviar que existen variables genéticas que juegan un papel importante en el envejecimiento, también el individuo es responsable, con sus acciones y comportamientos a lo largo de su vida, de que su envejecimiento sea más o menos satisfactorio y libre de dependencia.

CONCEPTO DE ENVEJECIMIENTO ACTIVO

En los últimos veinticinco años ha surgido un nuevo paradigma del envejecimiento que se ha llamado, entre otros: saludable (OMS, 1990), buen envejecer (Fries, 1989), competente (Fernández- Ballesteros, 1996), con éxito (Rowe y Kahn, 1987; Baltes y Baltes, 1990) o activo (OMS, 2002). El concepto ha ido evolucionando, desde la definición de la OMS de 1990 del envejecimiento saludable (centrado en la salud), hacia un modelo mucho más integrador, como el
de envejecimiento activo (OMS, 2002), definido como “el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad en orden a mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen” (p. 12).

El objetivo es extender la calidad, la productividad y esperanza de vida a edades avanzadas. Además de seguir siendo activo físicamente, es importante permanecer activo social y mentalmente, participando en actividades recreativas, de voluntariado o remuneradas, culturales, sociales y educativas. El envejecimiento activo se sitúa en la base del reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores de independencia, participación, dignidad, atención y autodesarrollo.

Así, desde esta perspectiva, los determinantes del envejecimiento activo serían: económicos, sociales, físicos, servicios sociales y de salud, personales (psicológicos y biológicos) y comportamentales (estilos de vida).

EL PAPEL DEL PSICÓLOGO EN LA PROMOCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO

Como se ha indicado anteriormente, el envejecimiento activo depende de un conjunto de condiciones que podemos agrupar en: contextuales (socio-económicas, culturales, ambientales, sanitarias) y personales (factores individuales y comportamentales) (Fernández-Ballesteros, 2005). Los determinantes contextuales son responsabilidad de los gobiernos, que deben introducir los cambios pertinentes en sus políticas socio- económicas, culturales, sanitarias y ambientales.

Las políticas de acción propuestas por la OMS (2002) para potenciar los determinantes psicológicos y conductuales del envejecimiento activo son: (1) reducir los factores de riesgo asociados a enfermedades e incrementar los de protección de la salud a través de hábitos saludables y ejercicio físico; (2) promover los factores de protección del funcionamiento cognitivo; (3) promover las emociones y un afrontamiento positivo; y (4) promover la participación psicosocial.

Los psicólogos están implicados en las cuatro políticas de acción propuestas.

Así, desde el punto de vista de la Psicología de la salud, los profesionales de la Psicología han enfatizado la importancia que tienen los estilos de vida (ejercicio físico, dieta, no fumar, beber moderadamente, la adherencia al tratamiento, etc.) y ejercen un papel esencial en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.

Por otra parte, el declive cognitivo que ocurre con el paso del tiempo puede ser compensado con ejercicios (Baltes y Schaie, 1976; Fernández-Ballesteros y Calero, 1995; Fernández-Ballesteros y
col, 2003). Incluso, la actividad intelectual a lo largo de la vida se considera un factor de protección de la demencia (Wilson y col, 2002).

Así mismo, la auto-eficacia para envejecer o la percepción de control interno son buenos predictores de envejecimiento activo (Bandura, 1997; Baltes & ENVEJECIMIENTO ACTIVO Mª Dolores Zamarrón Cassinello Universidad Autónoma de Madrid Dirección de contacto: loles.zamarron@uam.es

EN PORTADA 8 INFOCOP

Baltes, 1990). Variables de personalidad como el optimismo y el pensamiento positivo están asociadas a satisfacción con la vida en la vejez (Caprara y col, 2003). El afecto positivo reduce la mortalidad de las personas mayores. En este sentido, personas con una imagen positiva del envejecimiento (evaluadas 25 años antes) vivieron 7,5 años más que aquéllas con una imagen negativa. La actitud o afecto positivo es un protector contra el declive físico y funcional en mayores. Además, varios estudios subrayan el efecto del entrenamiento de estilos de afrontamiento en la prevención de distintas condiciones psicopatológicas en la vejez (Lazarus, 1980; García Huete, 2002).

Finalmente, el modelo de envejecimiento activo apunta la importancia de las relaciones sociales, la competencia social, la participación y la productividad. Los investigadores han identificado el tipo de intervenciones que median y promueven una amplia red social, así como la forma de promover mayor participación y compromiso social (Argyle, 2001).

En definitiva, como concluye Fernández- Ballesteros (2005), desde una perspectiva psicosocial, existen cuatro áreas multidimensionales para la promoción del envejecimiento activo: 1) estilos de
vida, 2) funcionamiento cognitivo, 3) emoción y afrontamiento y 4) funcionamiento psicosocial.

PROGRAMAS DE PROMOCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO
Con base en el II Plan Internacional de Acción sobre Envejecimiento (UN, 2002) y en el documento de la OMS, en los últimos años se han desarrollado múltiples programas para la promoción del envejecimiento activo. Entre ellos, cabe destacar el desarrollado por Fernández- Ballesteros y su equipo (Fernández- Ballesteros, 2002, 2005; Fernández-Ballesteros, Caprara, García e Íñiguez, 2004): Vivir con Vitalidad. El programa, diseñado para impartirse por profesores expertos en diferentes áreas involucradas, se ha aplicado durante 7 años consecutivos en la Universidad Autónoma de Madrid y puede utilizarse como texto para ser auto-administrado (Fernández-Ballesteros, 2002).

Además, este programa cuenta con una versión multimedia que consiste en un curso estructurado en 23 conferencias- talleres de 3 horas de duración, con un contenido teórico práctico y con temas
agrupados en cuatro áreas, las cuales tienen que ver con cómo cuidar el cuerpo y la mente, cómo desarrollar la afectividad y el sentido de control y cómo ampliar la implicación social. La versión multimedia surge con el fin de conseguir una mayor difusión, tanto a nivel nacional como internacional (vídeos con 22 lecciones grabadas que los sujetos pueden ver en su casa o residencia).

Además, el programa multimedia incluye la presentación del material, ejercicios propuestos en cada lección y las presentaciones utilizadas en Internet: (www.uninettuno.it/vitalagell /frameset.htm). Así mismo, los estudiantes tienen la posibilidad de contactar con los profesores vía e-mail o por teléfono.

La evaluación de la eficacia del programa ha sido muy positiva tanto en la versión presencial como multimedia. Ambas versiones han producido cambios significativos en el sentido esperado
en el grupo experimental (antes y después de recibir el programa) y en su comparación con el control con respecto a la visión sobre el propio envejecimiento, el nivel de actividad, la nutrición y el ejercicio físico. Sin embargo, las relaciones sociales mejoraron sólo en los sujetos que habían participado en la versión presencial. Además, en todos los casos en que se encontraron diferencias éstas se mantuvieron a los seis meses de seguimiento.

CONCLUSIÓN
Los expertos coinciden en que el envejecimiento activo es un concepto biopsicosocial y, por tanto, no se reduce al mantenimiento de una buena salud libre de discapacidad, sino que también implica el mantenimiento óptimo de aspectos psicológicos y sociales.

En base a datos empíricos obtenidos en distintas investigaciones, cuatro son las áreas que deben promocionarse para lograr envejecer activamente: hábitos saludables o salud comportamental, funcionamiento cognitivo, funcionamiento emocional, control y estilos de afrontamiento positivos y, finalmente, participación social.

Los psicólogos deben desempeñar un papel fundamental en la mejora de dichas áreas, tanto a nivel individual como contextual. En este sentido, se están desarrollando programas para promocionar el envejecimiento activo como el programa Vivir con Vitalidad que ha producido efectos muy positivos en sus dos versiones (presencial y multimedia).

En definitiva, se puede aprender a envejecer activamente y los psicólogos expertos en vejez y envejecimiento (psicogerontólogos), pueden contribuir muy positivamente a promover el envejecimiento activo de los individuos.

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REFERENCIAS
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Caprara G.V., Caprara, M.G., & Steca, P. (2003). Personality´s correlates of adult development and aging. European psychologist, 8, 131-147.

Baltes, P.B. & Schaie,K.W. (1976). On the plasticity of intelligence in adulthood and old age: Where Horn and Donaldson fail. American Psychologist, 31. 710-725.
Bandura, A. (1997). Self Efficacy: The exercise of control New York: Freeman.

Fernández-Ballesteros, R., y Calero, M.D. (1995). Training effects on intelligence of older persons. Archives of Gerontology and Geriatrics, 20, 135-148.

Fernández-Ballesteros, R. (1996). Psicología del envejecimiento: crecimiento y declive. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.

Fernández-Ballesteros, R. (Dir.) (2002): Vivir con Vitalidad (5 Volúmenes). Madrid: Pirámide.
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Fernández-Ballesteros, R., Caprara, M.G., García, L.F. (2004): Vivir con Vitalidad- Ò: Un Programa Europeo Multimedia. Intervención social, 13: 65-85.

Fernández-Ballesteros, R., Caprara, M.G., Iñiguez, J. y García, L.F. (2004): Promoción del envejecimiento activo: efectos del programa “Vivir con Vitalidadâ“.

Revista de Geriatría y Gerontología, 40, 150-161.
Fernández-Ballesteros, R. (2005) Evaluation of “Vital Aging-M”: A Psychosocial Program for promoting Optimal Aging. European Psychologist, 10(2): 146-156.

Fries, J.F., (1989). Aging well. New Cork: Addison-Wesley.
García Huete, E. (2002). Controle su vida: me cuido y disfruto. En R. Fernández-
Ballesteros (Ed), Vivir con vitalidad (Vol 1, pp 63-100). Madrid. Pirámide.
Lazarus, R.S. (1980). The stress and doping paradigm. En A. Bond & J.C. Rosen (Eds.), Primari prevention of psychopathology. Vol. 4. Coping and competence during adulthood (pp.28-74). Hanover, NH: University Press of New England.
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Organización Mundial de la Salud (2002). Active Aging. Geneva: WHO
Rowe, J.W., y Kahn, R.L. (1987). Successful aging. The Gerontologist, 37, 433-440.

LOS OBJETOS FAVORITOS EN LA ADULTEZ Y LA SENECTUD

- 177 - anales de psicología 1998, vol . 14, nº 2, 177-192 © Copyright 1998: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia Murcia (España). ISSN: 0212-9728

Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica

Nazario Yuste Rossell. Universidad de Almería. Ignacio González Almagro* Universidad de Murcia

Resumen: Sobre dos grupos de edad (348 adultos y 203 ancianos), y mediante un Cuestionario, basado en otro de Kamptner, Kayano y Peterson (1989), examinamos qué objetos se prefieren en la Infancia y Adolescencia, y cuáles actualmente; si estos cambian por circunstancias especiales, cuáles de los que se carece se desean, y qué sentimientos afloran ante su pérdida. Se busca mostrar, en una primera aproximación, si existe apego a los objetos, y su sentido e importancia a lo largo del ciclo vital humano. Los resultados manifiestan que ni el estado civil, localidad, o nivel cultural influyen; sin embargo aparecen diferencias de género en las preferencias infantiles y adolescentes, y también en las de los adultos y ancianos (coincidente con trabajos de Csikszentimihalyi y Rochberg-Halton, 1981; Sherman y Newman, 1977-78; Kamptner, Kayano y Peterson, 1989). Razones determinantes para preferir unos u otros objetos a lo largo del ciclo vital, son la edad, la cohorte generacional, el género y las influencias sociales.
La discusión focaliza futuras investigaciones en las que se considerarán aspectos transculturales, la superación o no de las diferencias de género (dada la actual androgenia), y si inciden las nuevas tecnologías en las futuras generaciones de adultos y ancianos.

Palabras clave: Objetos favoritos, apego, adultez, senectud, life-span, cohorte, género.

Title: The favorite personal objects in the Adulthood and Senility. An empiric approach.

Abstract: Concerning two age groups (348 adults and 303 senior citizens) and by means of a questionnaire based on one by Kamptner, Kayano and Peterson (1989), we examined what objects were preferred in infancy and adolescence and which are preferred now, if these change due to special circumstances, which of those now lacking are wanted and what feelings are perceived at their loss. It is intended to show, in a first approximation, if their exists an affinity for objects, and its meaning and importance during the whole human life cycle.

The results show that neither marital status, locality nor cultural level influence preferences, however differences do appear in the kind of favorite things preferred by children and adolescents, also in those preferred by adults and older people (coinciding with works by Csikszentimihalyi and Rochberg- Halton, 1981; Sherman and Newman, 1977-78; Kamptner, Kayano and Peterson, 1989). Main reasons in order to prefer one oject or another during the life-span are age, generation cohort, gender and social influences. The study focuses on future investigations in which transcultural aspects will be considered, the overcoming or not of gender differences (given the present androgeny) and whether new technology will affect future generations of adults and senior citizens.

Key words: Favorite objects, attachment, adulthood, age and senility, life-span, cohort, gender.
Introducción
Algunos precedentes
Con una perspectiva nueva y sugestiva vamos a abordar la importancia que las diversas posesiones, y más concretamente los objetos favoritos, pueden tener la siguiente: * Dirección para correspondencia: Ignacio González Almagro. Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad de Murcia. Campus de Espinardo (Edif. "Luis Vives"). Aptdo. correos 4021, 30080 Murcia (España).
Es un hecho comprobado la escasez de estudios psicológicos en este campo, a pesar del interés que ha venido mostrando la filosofía acerca de las cosas, especialmente el pensamiento existencialista.

Dentro de la psicología científica encontramos algún precedente en James (1890) y en Lersch (1962). El primero considera que el individuo tiene más de un yo. Y así distingue entre el “yo espiritual”, el “yo social” y el “yo material”; este último yo está constituido por la totalidad de posesiones materiales (entre las que incluye el propio cuerpo), propiedades, riqueza, dinero, etc. La alegría y la pena o depresión son las respectivas réplicas emocionales al incremento o reducción de las posesiones. El segundo autor sitúa la atención humana hacia las cosas, dentro de
178 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2) las tendencias cognoscitivas y amorosas. El ser humano atiende a cuantos objetos le interesan, pero
especialmente a los de orden transcendente, como la Patria, la Naturaleza, el Arte, etc. El individuo busca el mundo como objeto de conocimiento, lo que origina sentimientos de asombro y de admiración. En la tendencia amatoria hacia los objetos se cumplen los mismos rasgos primordiales del amor al prójimo: “En el amor dirigido a lo extrahumano se descubre siempre, como lleno de sentido, algo con todo el peso de una realidad esencial… el mundo se le ofrece (al
hombre) como horizonte de sentido hacia el cual vive… nuestra existencia resulta (puede resultar) estimulada por la norma de que sólo tiene sentido un mundo en el que se halla el objeto amado”(Lersch, 1962, pp.237-238).

Otros investigadores han analizado la importancia de los objetos en las distintas etapas del desarrollo. Stevenson (1954) y Rochberg-Halton (1984) subrayan el papel de los objetos en los procesos de desarrollo del yo, especialmente en los primeros años de la vida. Csikszentimihalyi y Rochberg-Halton (1981), Lieberman y Tobin (1983) y Erikson, Erikson y Kivnick (1986) han investigado, en la etapa adulta, cómo las posesiones pueden cooperar al cultivo y mantenimiento del yo; y ya, en la senectud, pueden ayudar a recordar a los individuos quiénes han sido. En cuanto al análisis de la repercusión que tienen las posesiones en las diversas facetas de la adultez y vejez están los trabajos de Kamptner, Kayano y Peterson (1989). Las influencias sociales en la preferencia de las posesiones quedan reflejadas en los estudios de Irwin y Gebhard (1946) y de Hong y Townes (1976)

Los objetos a analizar en este trabajo
En primer lugar, nos centramos exclusivamente en los objetos físicos, materiales, independientemente de otras realidades vivas, como personas, animales o plantas. Estos objetos deben ser posesibles virtual o realmente. Es verdad que las personas pueden ser el mayor tesoro que posee el individuo; y así lo manifestaron algunos de nuestros encuestados, cuyas respuestas no se han tenido obviamente en cuenta.
El hecho de que las personas estén efectivamente influidas por sus seres queridos cuenta ya con muchos estudios; sin embargo, no abundan los que se refieren a la inclinación afectiva y de apego hacia los objetos.

En segundo lugar, nos referimos a los objetos materiales que son posesiones del ser humano. La
“posesión” implica una exclusividad, que ha logrado (o ganado) aquel individuo del cual es la cosa; una exclusividad que de manera más contundente o más pacífica, más solidaria o más egoísta, encierra un punto de competencia con los demás, para hacer que el objeto sea suyo, y no de otros, para usarlo él, y para conservarlo dentro de su esfera de poder. Hablamos de objetos personales cuando “son nuestros”, y resultan absolutamente intransferibles.

En tercer lugar, los objetos que nos ocupan, además de ser materiales y de ser nuestros, han de
tener una cierta significación para nosotros. Son objetos especiales, objetos preferidos entre otros, predilectos o favoritos, y que destacan entre las demás cosas de mi propiedad. Estos objetos se convierten en fin en sí mismos. Esta condición se traduce en una conducta de apego.

La conducta de apego
Se entiende por apego toda aquella “forma de conducta que consiste en que un individuo consigue o mantiene proximidad a otra persona diferenciada y preferentemente individual y que es considerada, en general, como más fuerte y/o más sabia” (Bowlby, 1979, p.157); “el rasgo esencial de la vinculación afectiva consiste en que los dos participantes tienden a permanecer en mutua proximidad. Si están apartados, cada uno de ellos buscará más pronto o más tarde al otro, restableciendo así la proximidad” (Idem, p. 92). Bowlby se ocupa, pues, del apego a las personas, que tiene un contenido social. A nosotros, sin embargo, nos interesa el apego a un contexto físico
o material.

Entre el apego social y el apego físico, no obstante, se dan las siguientes similitudes: a) Ambos aparecen como una tendencia natural del ser humano a establecer vínculos afectivos. b) Esta tendencia conduce hacia una conducta de proximidad. c) esta tendencia se da a lo largo de todo el ciclo vital, como señala Bowlby (“de la cuna a la sepultura”, Idem, p.157); y confirma Baltes: Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 179 anales de psicología, 1998, 14(2) "los comportamientos relacionados con el apego no se dan solamente en los primeros años de vida, dentro del contexto de las relaciones padre-hijo, sino que el apego puede desarrollarse en muchas ocasiones a lo largo del ciclo vital, como en la formación y transformación de las amistades del adolescente y de los adultos en sus marcos ocupacionales, como en ámbitos familiares como el matrimonio, el divorcio o un segundo matrimonio…”(Baltes, 1986, p.257).

d) La conducta de apego cumple una serie de funciones simbólicas.
e) En ambos se da la especificidad (se dirige hacia alguno o algunos objetos determinados) y la intervención de emociones, que surgen en la formación, mantenimiento, ruptura y renovación del apego.

Por otra parte, entre ambos tipos de apego podemos señalar también algunas divergencias: a) El apego físico es más cambiante que el apego a personas, y no tiene una función biológica, aunque no descarta buscar la seguridad, el gusto o placer, etc. b) Los hipotéticos períodos de sentimientos que se dan ante la pérdida de apego social, no suelen darse ante la pérdida del objeto físico. c)La diferente intensidad del apego con el paso del tiempo; así, los adultos parecen más contundentes, eficaces y prácticos a la hora de defender sus posesiones, que los niños. d) La condición de inerte del objeto físico no produce una relación afectiva circular como en el apego a personas, aunque pueda provocar emociones y reacciones.

Significación humana de las posesiones Parece ser que la característica de adueñarse y poseer un objeto material como “fin en sí mismo” es exclusiva del ser humano. El apego social con sus rasgos descritos en el ser humano, como “la ansiedad y protesta, desesperación y desorganización, desapego y reorganización son también la regla general en muchas otras especies…, como aves, mamíferos inferiores y primates”(Bowlby, 1986, p.74). Recordemos el caso de los monos rhesus (Harlow, 1961); el estudio de Lorenz (1965) con las crías de oca; la conducta de las ratas experimentalmente aisladas (Levine y Otis, 1958, citados por Monedero,
1986); cómo se esfuerza un chimpancé macho en despertar a su pareja muerta (Pollock, 1961, citado por Bowlby, 1986); o el cordero huérfano, que se apega al ser humano, y no mantiene, tras esto, ningún vínculo social con las ovejas (Bowlby, 1986).

También conocemos, no obstante, el apego de algunos animales a ciertos objetos, aunque aquellos son incapaces de toda simbolización (Vullemin, 1948), cuando en el simbolismo de los objetos estriba el interés de estos para el ser humano.

Variables mediadoras y condicionantes en la adquisición de objetos.
Las variables de mayor incidencia en esta adquisición, según muestran los autores estudiados, son el sexo, la personalidad, y la edad; aunque no hay que olvidar la mediación de otros resortes, como las estructuras sociales, la profesión, la capacidad económica, la disponibilidad de tiempo para el ocio, etc.

En relación al sexo, los estudios de Sherman y Newman (1977-78), de Csikszentimihalyi y Rochberg- Halton (1981) señalan algunas diferencias significativas entre los objetos preferidos por el chico, y los preferidos por la chica, así como los elegidos por los hombres maduros o viejos, y por las mujeres mayores o ancianas. Queda por precisar si estas diferencias son debidas al sexo, o más bien al contexto socio-cultural.

En cuanto a los factores de personalidad, Cohen y Clark (1984, pp.106-111) afirman que la tensión, esto es, la excitabilidad, inquietud y ansiedad, correlacionaban con el temprano apego a un objeto; mientras que la ausencia de ese apego temprano a algún objeto volvía a los sujetos insociables, solitarios o aferrados a sí mismos. Goldberg (1984, p.71) sostiene que quien goza de alguna posesión favorita en la infancia, es una persona con facilidad para establecer relaciones sociales, tanto en la adolescencia como en la adultez.

La tercera variable, la edad, es para nosotros de máximo interés. Los objetos favoritos pueden ir
cambiando con la edad, pero también su significado. Durante la infancia, el apego a un objeto parece estar condicionado por el desarrollo cognitivo y social. Wallon (1965) siempre ha defendido que el mundo del niño es preferentemente de personas, y no de cosas. El apego a los objetos es considerado como parte del desarrollo emocional, y su valor funcional es de ser sosegadores y tranquilizadores para el niño, en caso de ansiedad, inquietud, separación de la madre, etc. (Winnicott, 1953). En la infancia media sigue el 180 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2) niño usando el mismo objeto de la primera infancia como un tranquilizador en caso de angustia o miedo, o en momentos de actividad (Sherman, Hertzing, Austrian y Shapiro, 1981). Durante la adolescencia, se necesitan cosas que ayuden a establecer la identidad personal, que faciliten el contacto con el medio ambiente, que posibiliten el desarrollo de las propias habilidades (instrumentos musicales, material deportivo, vehículos, etc.)(Csikszentimihalyi y Rochberg- Halton, 1981). Algunos objetos pueden, por ejemplo, compensar la separación de su familia (Horton, Louy y Coppolito, 1974). La privación de los objetos de valor, que Goffman (1961) denomina “pérdida del equipo de identidad”, puede degenerar en múltiples psicopatologías; o en conductas potencialmente desadaptativas (Sherman y Hertzig, 1983).

En la etapa de adultez y senectud, se da un cambio hacia los objetos que guardan una relación con personas concretas. Podemos clasificarlos en: 1) Objetos de contemplación, como los regalos de valor, las vajillas, las joyas simbólicas, objetos que hacen referencia a logros personales, objetos religiosos (Sherman y Newman,1977-78), con los que nos introducimos en el mundo de los recuerdos. 2) Objetos muebles, que simbolizan realidades sobre las que el sujeto deposita su interés, como es la mesa (antiguamente tan vinculada al sentido de la casa como “hogar”); la cama o lecho, especialmente el matrimonial, que llega a adquirir un carácter semisagrado
y exclusivo; y otros enseres vinculados a personas. 3) Objetos inmuebles, como las tierras, sobre todo cuando son heredadas; o la casa, que cumple los oficios de protección, identidad, comodidad y seguridad para las personas ancianas. Para Goethe, según se manifiesta en el Fausto, el hombre sin hogar está desnaturalizado.

Es lo que denunció Marías (1964, p.74) quien afirma que cuando se desequilibra el “estar” y el “pasar” a favor de este último, puede llevar, en la práctica, si falla el sentido de centro propio, a una situación de desarraigo. El ser humano “perdería todo apoyo si no tuviera un punto de referencia fijo al que se encuentran vinculados todos sus caminos, del que parten y al que retornan”… es la exigencia de un “centro del espacio vivencial” (Bollnow, 1969, p.117).

Funciones simbólicas de los objetos

Entre las funciones simbólicas principales que desempeñan las posesiones, podemos señalar las siguientes: a) La función utilitaria de los objetos es probablemente la más evidente. Es la dimensión de herramienta que tienen algunos objetos. La mayoría de las herramientas específicas (por ejemplo, el instrumental médico, o el código del abogado) se convierten en algo inherente al propio trabajo, por lo que no se pueden considerar como meros medios. b) Como reflejo de estructuras sociales y dominio social. En todas las culturas, protocolos o liturgias hay objetos que simbolizan el status social o el poder. Los bastones de mando, coronas, tiaras o ínfulas de todo tipo. Suelen ser objetos valiosos y/o antiguos, puesto que justifican el dominio o predominio social de unas personas sobre otras. c) Como fuente de motivación de afecto, que ayudan a satisfacer ciertas necesidades emocionales, como a superar la “ansiedad de separación” o que nos sirven de consuelo y compañía ante la melancolía, la añoranza o la soledad. Mientras que en el mundo social no podemos saldar nuestras necesidades emocionales cada vez que se nos antoje, los objetos sí pueden siempre satisfacer nuestros deseos y apetencias (Furby, 1978; Neal, 1985).

d) Objetos de dominio y control de uno mismo y del mundo, ya que proporcionan al individuo seguridad para controlar su medio ambiente (como, por ejemplo, las estampas para el torero). Esta seguridad puede ayudar al desarrollo del “yo” y del “no yo”, o del sentido de sí mismo; aunque también puede perjudicar al sujeto cuando se mueve en la esfera de los amuletos, los fetiches, objetos de suerte, etc., entre los que se hallan a veces objetos religiosos. “El fetichismo surge allí donde no es posible la aprehensión de la realidad como tal, es decir como un todo, a la cual nos sentimos instados” (Castilla del Pino, 1971, p. 79). De aquí las cantidades millonarias que se pagan en las subastas de objetos de los famosos. Aunque el fetiche existe en todas las culturas, sin embargo curiosamente no abunda su consideración como objeto favorito en las investigaciones realizadas (Kamptner et al., 1989).

e) Objetos de identificación personal o que permiten reconocer a la persona sólo a través del objeto significativo (el bastón de A. Gala, por ejemplo). También la identificación puede significar que el sujeto Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 181 anales de psicología, 1998, 14(2) tiende a parecerse a otra persona; pero cuando se trata de un objeto, el individuo tiende a identificar parte de su yo con dicho objeto. En ocasiones, estos objetos funcionan como reforzadores, evitando, en algunas ocasiones, la desorientación del sujeto. Así, para J. Kron (1983), las posesiones constituyen la fábrica de experiencia de una persona.

f) Objetos que definen el yo. Psicológicamente, el yo indica la realidad a la cual se refieren todos los hechos psíquicos (representaciones, pensamientos, conducta, etc.); todos ellos son míos, porque se refieren a una misma realidad, que es mi yo, es decir, la conciencia unitaria de sí mismo o self. El objeto, por su reiterada existencia relacionada con el sujeto, puede dar una idea del yo, de una forma más continua; él es parte de la historia del yo, que puede ayudar a recordar distintos aspectos del mismo.
g) Objetos como elementos del pasado. Como consecuencia de lo anterior, vemos que los objetos, sobre todo en la edad adulta y vejez, pueden funcionar como punto de apoyo que permite al sujeto decir “soy quien he sido siempre”(Lieberman y Tobin, 1983). A través de las posesiones, el sujeto puede percibir “materialmente” la continuidad del yo sobre el tiempo (Erikson et al., 1986). Butler y Lewis (1983) califican a las posesiones como “instantáneas del pasado”, que pueden generar recuerdos, sentimientos, etc.; o pueden servir también de unión con personas ya desaparecidas (Korelitz, 1986). El proceso de revisión de nuestras experiencias, propio de las últimas etapas del ciclo vital, es fundamental para dar sentido al yo (Marshall, 1980).

h) Objetos como elementos del futuro. Este significado comprende dos aspectos. El primero, se refiere a que las metas u objetivos que se plantea un individuo se encarnan en determinadas posesiones; así, éstas se hacen objetivo de la vida, y pueden también ser fundamento de vínculos y relaciones. Schudson (1986) interpreta los regalos, y su conservación, como la representación simbólica de las relaciones, y de los afectos con el otro. Los anillos matrimoniales simbolizan la unión entre personas, y conectan con un proyecto total de vida futura en común, y que se pretende, al menos originariamente, que sea vitalicio.

El segundo, se refiere a posesiones, cuya finalidad, es lograr, de algún modo, la supervivencia del propietario después de su muerte. Es el caso, por ejemplo, de esa carta para ser leída después de la muerte de su autor, donde aparecen los sentimientos que, según analiza detenidamente Unruh (1983), expresan aquellas personas que, después de morir, intentan seguir presentes en el recuerdo, gracias a las cosas, a través de cartas, testamentos, etc.
En síntesis, nos proponemos analizar los objetos o posesiones personales, y a la vez que sean favoritos o predilectos. Las variables principales a tener en cuenta son el sexo y la edad, ya que las otras variables, como el domicilio, el estado civil y el nivel de estudios no tienen incidencia alguna (como después veremos) en el favoritismo por unos u otros objetos. El propósito y objetivos de este estudio se centra, pues, en el análisis de las posesiones favoritas que las personas adultas y ancianas tienen en la actualidad; y, a la vez, indagar qué objetos predilectos y su significado tenían en las anteriores etapas de su infancia y de su adolescencia; y descubrir las hipotéticas diferencias o semejanzas entre los distintos grupos de edad respecto a las causas de dicha predilección.

Esta primera aproximación, inscrita en un marco psicológico descriptivo, trata de mostrar la existencia o no del apego a los objetos, y su sentido e importancia en la existencia humana. Esta importancia queda reflejada según el tiempo o momentos que el sujeto solía estar con los objetos favoritos durante su niñez, adolescencia, y en la actualidad. También analizamos si hay cambios de unos objetos por otros según determinadas circunstancias. Estas circunstancias a analizar son: 1) supuesto caso de incendio; 2) objetos que tranquilicen cuando se está inquieto o alterado; y 3) si tienen objetos que pueden traer suerte. Igualmente analizamos qué objetos de los que se carece, se desearía tener; y qué sentimientos afloran en las personas, en caso de pérdida del objeto favorito. Por último, queremos conocer si la elección de objetos viene determinada a través de influencias de otras personas.

Método
Participantes
Los sujetos participantes son 551, repartidos en dos grupos de edad. Uno que llamamos adultez (n=348, que supone el 63.16 % de la muestra total); y otro de senectud (n =203, que corresponde al otro 36.84 %).

En cada uno de estos dos grupos se establecen tres 182 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2) intervalos de edad, lo que hace un total de seis: 34/44 años, 45/54 años, y 55/64 años para los adultos; y 65/74 años, 75/84 años, y 85 años o más para
los ancianos. Esta muestra ha sido elegida al azar; siendo más laborioso obtener representantes masculinos (más reacios a colaborar) que femeninos.

Igualmente hemos tenido más dificultades en la obtención de la muestra del grupo de ancianos. Las características generales de la muestra: 1) Según sexo: 310 femenino (56.26 %); y 241 masculino (43.74 %). 2) Por el lugar de residencia: 289 de la capital (52.45 %); y 262 de zonas rurales (47.55 %). 3) Según estado civil: 70 solteros (12.74 %); 360 casados (65.35 %); 102 viudos (18.45 %); y 19 separados (3.46 %). 4) Según estudios: 146 sin estudios (26.50 %); 227 con estudios primarios (41.19 %); 91 con estudios de bachillerato (16.51 %); y 87 con estudios universitarios (15.78 %). 4) Por razón de edad, que es lo que más interesa a nuestro enfoque evolutivo, y según la subdivisión de intervalos realizada, tenemos: a) Grupo de Adultos (n =348), adultez temprana (35 a 44 años) 131 sujetos (23.78 % del total, y el 37.64 % del grupo); adultez media (45 a 54 años) 124 sujetos (22.52 % del total, y el 35.63 % del grupo); adultez última (55 a 64 años) 93 sujetos (16.90 % del total, y el 26.73 % del grupo). B) Grupo de Senectud (n =203), presenectud (65 a 74 años) 101 sujetos (18.35 % del total, y el 49.75 % del grupo); vejez (74 a 84 años) 66 sujetos (11.80 % del total, y el 32.50 % del grupo); vejez última (85 años o más) 36 sujetos (6.55 % del total, y el 17.75 % del grupo).

Los sujetos viven principalmente en ubicaciones tanto urbanas como semiurbanas; y son heterogéneos con respecto a la clase social y al nivel de educación. Aunque no podemos hacer generalizaciones de nuestros hallazgos, ya que no es una muestra estrictamente representativa de la población nacional, sí podemos afirmar que esta muestra no es especial en sus características. Así, la participación de los ancianos es menor, no sólo por su mayor dificultad en la recogida de datos, sino también porque, a pesar de la creciente longevidad, siempre los adultos serán más numerosos. Algo parecido sucede respecto al estado civil, ya que aparecen un 65.35 % de casados, que es el estado más frecuente; y un 18.45 % de viudos, de los que un 28.73 % son varones, y un 55.17 % son ancianas. En cuanto al nivel de estudios, vemos que, según se asciende en las cotas de edad, van disminuyendo las personas con estudios universitarios, o con bachillerato, y van aumentando los que carecen totalmente de estudios, sobre todo en el sexo femenino; lo cual es totalmente congruente con la situación educativa y cultural de las generaciones mayores.

Procedimiento

Hemos utilizado un Cuestionario apto para ser autoadministrado, basado en otro ideado con parecidos propósitos por Kamptner et al. (1989). Este Cuestionario consta de siete apartados: 1) Datos personales (sexo, edad, estado civil, nivel de estudios y población). 2) Objetos preferidos que tuvieron en su infancia (lo que más le gustaba de ese objeto, cuándo estaba con él, si aún lo conserva, y si lamenta no conservarlo, y por qué) 3) Objetos favoritos que tuvieron durante su adolescencia (items parecidos a los de la infancia). 4) Posesiones favoritas actuales (qué objeto u objetos, cómo lo adquirió, por qué es especial, si lo usa o no frecuentemente, qué otras cosas le son especiales, y por qué). 5) Cambio de objetos favoritos según las circunstancias, como qué salvaría al producirse un incendio en su casa, qué objeto le tranquiliza en momentos de soledad o inquietud, cuál le aporta suerte, qué significan las herencias familiares, si hubo o no intercambio de objetos con ocasión de separarse de algún amigo. 6) Posesiones de las que carece y que desearía tener. 7) Qué sentimientos le producen y qué valor les da a los objetos favoritos perdidos.

El cuestionario fue autoadministrado por la mayor parte de los sujetos, excepto en un pequeño grupo de ancianos que prefirió que les fueran leídas las preguntas, y que las respuestas fueran escritas por el entrevistador entrenado. La duración dependió, en cada caso, de las dificultades de cada sujeto para leer y escribir. No fueron necesarias realizar aclaraciones importantes; y en todo momento se respetó tanto la colaboración de los sujetos como el responder o no a cada item.

Para poder analizar los resultados, recurrimos previamente a la clasificación de los posibles objetos favoritos. En esta clasificación aparecen 30 categorías de objetos, inspiradas (aunque adaptadas a nuestro entorno) en Kamptner et al. (1989), quienes se basaron, a su vez, en el estudio de Csikszentimihalyi Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 183 anales de psicología, 1998, 14(2) y Rochberg-Halton (1981). También adoptamos otra categorización de 14 posibles significados atribuidos a esos objetos. Una tercera categorización se refiere al factor tiempo, e indica no sólo cuánto o cuándo se usa el objeto, sino también cuánto lo conservó, y cuándo, o cómo, se obtuvo. Por último, establecimos un tipo de categorías sobre los sentimientos ante la posible pérdida del objeto; y otro referido a qué influencias se dieron en la adquisición de los mismos (Ver Tablas de Categorización en el Anexo I).

Hemos empleado el software estadístico SPSS, con el que hemos confeccionado las distintas Tablas, donde aparecen los porcentajes, las tendencias y la significación estadística, en su caso, de las distintas variables relacionadas.

Resultados
Las variables domicilio y el estado civil no muestran incidencia alguna en el favoritismo por unos u otros objetos. Algo similar ocurre con el nivel de estudios; parecía lógico, por ejemplo, que a mayor nivel cultural o de estudios, del primer intervalo de dad (35/44 años), con un índice importante de universitarios, motivara el apego hacia los libros; sin embargo, sólo hallamos un 3.73 % de sujetos en esta edad afectos a ellos; por contra, curiosamente, el mayor apego a los libros, con un 11.49 % de sujetos interesados en los mismos, se da en el grupo de los ancianos mayores, cuando solamente nos hallamos con siete universitarios en todos los intervalos de edad del grupo de viejos de la muestra, y con un alta tasa de individuos que carecen de todo tipo de estudios. Así la relación entre el nivel de estudios y elección de libros como objetos favoritos es muy baja (χ2 = 0.25; p = 0.6151) (Tabla 1). Se diría que, o los hombres de libros se cansan de éstos, o que en la vejez se goza de tranquilidad para leer, o que sólo se interesan por los libros aquellas personas que, a lo largo de la vida se vieron privadas de las mejores oportunidades para tratar con ellos.

Existencia real de posesiones favoritas
Casi el 90% de los sujetos confiesan tener, en la actualidad, posesiones preferidas, frente a un 10.16 % que no las reconocen (aquí incluimos también los que no contestan). Tanto en la adultez como en la ancianidad las personas viven apegadas a algún objeto; y aunque éste puede cambiar, este hecho aparece igualmente a lo largo del ciclo vital. Así ocurrió durante la infancia de los sujetos de nuestra muestra, como lo demuestra el hecho de que el 76.44% de los adultos encuestados, y el 62.07 % de los viejos afirmen haber sentido apego a alguna cosa concreta en aquella edad. Parecida situación se daba durante su adolescencia (88.22 % de los adultos, y el 79.31 % de los ancianos), con exclusión, en ambos grupos, de quienes lo niegan, quienes lo han olvidado y los que no contestan. Por otra parte, tanto los adultos como los ancianos lamentan haber perdido, en su caso, su objeto preferido durante su niñez (un 75.34 % de los adultos, y un 79.17 % de ancianos), como durante su adolescencia (69.34 % de adultos, y un 70.59 % de ancianos). Evidentemente existe el apego que hemos llamado físico, aunque el objeto preferido pueda ser distinto según edad o género.

En cuanto al tipo de objetos que fueron preferidos durante su infancia, la tendencia se escora hacia las muñecas en la muestra femenina (48.50 % de mujeres adultas, y 45.69 % de ancianas); y hacia los juguetes de acción, como pelotas, balones, bicicletas, cuando son los varones los encuestados (42.86 % de adultos, y el 37.93 % de ancianos). Estas diferencias de género son significativas (χ2 = 169.09; p < 0.01) (Tabla 2).
Respeto a los objetos preferidos en su adolescencia, aunque en principio persevera un curioso porcentaje de inclinación hacia los juguetes (13.30 % en ancianos, y un 6.25 % en adultos), los centros de interés se desplazan hacia la ropa, discos y gramófonos cuando son los adultos los que contestan; y hacia la ¿ropa y joyas cuando son los ancianos. Aquí también encontramos diferencias de género. Así las joyas y ropa son los objetos más favoritos para la mujer, mientras que para los varones son los objetos que exigen dinamismo o energía (χ2 = 121.66; p <>

184 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2)
Tabla 1: Relación nivel de estudios / elección de libros
SUJETOS SIN ESTUDIOS n %
UNIVERSITARIOS n %
TOTALES n %
ELECCIÓN DE LIBROS 11 6,51 13 7,69 24 14,20
NO ELECCIÓN DE LIBROS 78 46,15 67 39,64 145 85,80
TOTALES 89 52,66 80 47,34 169 100,00
χ2 = 0,25 ; p = 0,6151
Tabla 2: Correlación género / juguetes infantiles
JUGUETES DE ACCIÓN n %
MUÑECAS n %
TOTAL n %
VARONES 107 36,27 1 0,34 108 36,61
HEMBRAS 37 12,54 150 50,85 157 63,39
TOTAL 144 48,81 151 51,19 295 100,00
χ2 = 169,09 ; p<0,01

En la edad adulta, el apego se orienta a otras realidades diferentes de las que tuvieron durante su infancia y su adolescencia. Los objetos que los adultos prefieren, en conjunto, son joyas, inmuebles y vehículos a motor. Dentro de esta nueva tendencia, aparecen nuevamente las diferencias significativas de género, ya que las joyas son esencialmente femeninas (36.08 % de mujeres, frente al 4.86 % de hombres); mientras que los vehículos e inmuebles son más bien preferencia de los hombres (χ2 = 75.56; p <>

Los objetos preferidos en la senectud siguen siendo las joyas, seguidas de los pequeños aparatos (cámaras fotográficas, televisores, etc.), ropa y prendas de vestir. Cuando se les pregunta sobre “otras posesiones especiales” o “qué salvaría de incendiársele su casa” aparecen en segundo lugar las fotografías. Estas, y los aparatos suponen los cambios de una mayor significación en el apego físico de adultos y ancianos.

Las diferencias de género nuevamente se dan (χ2 = 43.69; p <>

Tabla 3: Correlación género / objetos preferidos en la adolescencia
EQUIPOS DEPORTIVOS n %
JOYAS n %
ROPA n %
VEHÍCULOS n %
TOTALES n %
VARONES 28 12,17 6 2,61 18 7,83 32 13,91 84 36,52
HEMBRAS 0 0 80 34,78 59 25,65 7 3,04 146 63,48
TOTALES 28 12,17 86 37,39 77 33,48 39 16,96 230 100,00
χ2 = 121,66 ; p<0,01
Tabla 4: Correlación género / objetos preferidos en la adultez
INMUEBLES n %
JOYAS n %
OBJETOS RELIGIOSOS n %
VEHÍCULOS n %
TOTALES n %
VARONES 36 19,57 9 4,89 6 3,26 28 15,22 79 42,93
HEMBRAS 8 4,35 70 38,04 17 9,24 10 5,43 105 57,07
TOTALES 44 23,91 79 42,93 23 12,50 38 20,65 184 100,00
χ2 = 75,56 ; p<0,01
Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 185 anales de psicología, 1998, 14(2) Causas de la predilección por los objetos La causa y el significado que el objeto preferido cobra para el sujeto cambia radicalmente en las distintas fases del ciclo vital. Durante la infancia los objetos eran favoritos en primer lugar por las cualidades mismas de las cosas (suavidad, color, movimiento, etc.) (27.59 % de adultos; 22.17 % de ancianos), y en segundo lugar por suministrar experiencias divertidas (24.71 % de adultos, y 21.17 % de ancianos). Parecida tendencia encontramos durante la adolescencia, tanto de los adultos como de los ancianos. Las cualidades de los objetos, y las experiencias divertidas que estos proporcionan son razones muy significativas del apego físico tanto durante su niñez como durante su adolescencia de las personas mayores (χ2 = 464.76; p <>

Tabla 5: Correlación género / objetos preferidos en la senectud
FOTOGRAFÍAS n %
JOYAS n %
LIBROS n %
PEQUEÑOS APARATOS n %
ROPA n %
VEHÍCULOS n %
TOTALES n %
VARONES 2 1,65 8 6,61 10 8,26 10 8,26 5 4,13 12 9,92 47 38,92
HEMBRAS 12 9,92 35 28,93 1 0,83 8 6,61 17 14,05 1 0,83 74 61,16
TOTALES 14 11,57 43 15,54 11 9,09 18 14,88 22 18,18 13 10,74 121 100,00
χ2 = 43,69 ; p<0,01
Tabla 6: Correlación niñez y adolescencia / objetos preferidos
CUALIDAD n %
EX. DIVERTI n %
R. INTERPER n %
R. FAMILIA n %
TOTALES n %

NIÑEZ 141 15,97 130 14,72 13 1,47 13 1,47 297 33,64
ADOLESCENCIA 186 21,06 53 6,00 9 1,02 12 1,36 260 29,45
MAYORES 56 6,34 25 2,83 121 13,70 124 14,04 326 36,92
TOTALES 383 43,37 208 23,56 143 16,19 149 16,87 883 100,00
χ2 = 464,76 ; p<0,01
Estas razones contrastan palpablemente con las razones dadas para la predilección de los objetos durante la adultez y vejez. En la adultez, las cualidades intrínsecas de los objetos se quedan en un 11.21 %, mientras que cobran peso los objetos que implican recuerdos de familia (22.13 %), y recuerdos interpersonales (22.99 %). Entre los ancianos, las cualidades de las cosas, como causa de elección, descienden al 8.37 % de la muestra total de viejos; mientras que se da un 20.20 % de los objetos que implican recuerdos de personas concretas; y los que suponen recuerdos de familia alcanzan un 27.59 %.

Momentos en los que se suele estar con los objetos favoritos Un objeto no merecerá la denominación de favorito o predilecto, si por parte del sujeto no se tiende a estar, con cierta frecuencia, junto a él. Ante la pregunta de cuándo se estaba con los objetos favoritos durante su niñez, lo más significativo es la nula contestación a la opción “nunca” (0.57 % de adultos; y 0.99 % de ancianos), lo que da a entender que las personas no conciben estar radicalmente aisladas del objeto que sienten como preferido. Son importantes los porcentajes a favor de “a menudo” (22.41 % de adultos; y 17.73 % de ancianos), y nada despreciables los que contestan “siempre” (13.79 % de adultos; y 7.88 % de ancianos). La respuesta más abundante, y quizás la más natural, ha sido “a veces” (40.23 % de adultos; y 30.05 % de ancianos); aunque hay que tener en cuenta que en ella están acumuladas también (por simplificar las estadísticas) las elecciones vertidas a favor de “al dormir” y “al jugar”. Por otra parte, hay que tener presente la distancia en años con que, desde la adultez y la ancianidad sobre todo, se ve la niñez, al margen de otros posibles errores de memoria; además del alto porcentaje de los que no 186 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2) contestan, y las que reconocen no recordar. Lo cual no sucede a la hora de encarar los objetos predilectos en la actualidad.

En cuanto al tiempo que se estaba durante la adolescencia, las cifras son similares a las anteriores, con las mismas precisiones. Sin embargo, durante la edad adulta y vejez cambia la tendencia; y el orden es: primero “siempre” (36.17 % de adultos; y 49.36 % de ancianos); en segundo lugar “a menudo” (29.43 % de adultos; y 25.64 % de ancianos); quedando en tercer lugar los que se limitan a tenerlo consigo “a veces” (27.66 % de adultos; y 19.23 % de viejos). El hecho de que sean ostensiblemente más mujeres que hombres quienes están siempre con el objeto, quizás se deba a las características de los propios objetos. No es lo mismo tener como favoritas las joyas o fotografías, que son fáciles de llevar consigo, que los vehículos o inmuebles, a pesar del apego que se tenga a éstos.

Cambio de objetos favoritos según las circunstancias
En este apartado tratamos de estudiar la hipótesis de que los objetos favoritos pueden cambiarse
por otros según las circunstancias. Estas circunstancias analizadas han sido: 1) supuesto caso de incendio; 2) objetos que tranquilicen cuando se está inquieto o alterado; 3) objetos que pueden traer suerte. 1) En el supuesto caso de incendio, se le pregunta al sujeto qué cinco objetos trataría de salvar. Las opciones mayoritarias tanto de los adultos como de los ancianos se refieren a las joyas, fotografías, dinero (cartillas de ahorro), y los pequeños aparatos, especialmente TV y radio. En quinto lugar aparecen los documentos estimados importantes en los adultos; y la ropa en los ancianos. En estos objetos se mezclan los relacionados con los afectos y con los que suponen un pragmatismo real. Quizás son los afectos y la acción los dos polos importantes para la mayoría de los seres humanos.

No obstante, los varones adultos salvarían, por este orden: documentos, dinero, joyas, fotografías y vehículos.

Los varones ancianos: dinero, documentos, fotografías, ropa y muebles. Todos estos objetos, salvo las fotografías, tienen un sentido útil y aprovechable, incluso las joyas.
Las mujeres adultas siguen este orden de preferencia: joyas, fotografías, dinero, ropa y pequeños aparatos.

Las ancianas: joyas, fotografías, ropa, dinero y objetos religiosos. En las razones de elección de objetos preferidos hallamos también aquí una diferencia significativa de género (χ2 = 19.41; p <>

2) En cuanto a la predilección de objetos que tranquilicen cuando se halla alterado o triste; o incluso que le acompañen cuando se encuentra solo, la respuesta mayoritaria (40.52 % de adultos, y 39.41 % de ancianos) no manifiesta tener objetos de estas características.

Parece que ante la inquietud, la tristeza o la soledad son las personas y no los objetos las que más
pueden apoyar. No obstante, un porcentaje del 16.09 % de adultos, y un 22.17 % de ancianos sí que afirman que la radio y la televisión sirven para “acompañar”. Las demás preferencias con algo de peso son, en adultos y de modo parecido en ancianos, los libros (7.47 % y 5.42 % respectivamente), las fotografías (5.17 % y 9.35 %), los objetos religiosos (4.60 % y 4.43 %), y también los discos (8.33 % y 3.94 %). Todos estos objetos son cosas con las que uno puede solazarse, abstraerse, incluso dialogar y compenetrarse, y por tanto serenarse sin que nadie lo estime impropio, o lo juzgue como una anormalidad.

Tabla 7: Correlación género / razón de elección de objetos preferidos
AFECTOS n %
UTILIDAD n %
TOTALES n %
VARONES 62 15,27 93 22,91 155 38,18
HEMBRAS 158 38,92 93 22,91 251 61,82
TOTALES 220 54,19 186 45,81 406 100,00
χ2 = 19,41 ; p< 0,01
Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 187 anales de psicología, 1998, 14(2)

3) A la cuestión de los objetos que pueden traer suerte, tanto adultos (71.84 %) como ancianos (66.01 %) responden mayoritariamente que no existen para ellos tales objetos; algunos de ellos son contundentes, y añaden que no creen en esas cosas. Sólo al referirse a los objetos religiosos, aparece alrededor de un 10 %, sobre todo, de mujeres, que afirman que dichos objetos le traen suerte. Quizás algunos confunden la providencia con el azar.

Objetos de los que se carece y que se desearían tener Tratamos de saber qué objetos desean las personas mayores, cuando carecen de ellos. Los datos reflejan en general que no se da este deseo. El 35.63 % de los adultos, y el 33 % de los ancianos niegan haber codiciado, envidiado, o deseado simplemente, alguna propiedad de su hermano/a. Si se tiene en cuenta los que no contestan y los que no recuerdan, tenemos un 20.39 % de adultos, y hasta un 28.08 % de ancianos que carecen de tal apetencia. Al preguntar por el deseo de propiedad de hermanos de distinto sexo al suyo propio, nos parece muy significativo que lo que más deseen las mujeres adultas sean los juguetes de los hermanos (10.82 %); y que los varones adultos deseen la ropa de sus hermanos (5.84 %); lo que indica que son personas que, en sus objetos de niñez, estuvieron condicionados por influjos sociales, que entonces no pudieron romper. El deseo por las joyas de sus hermanos/as que aparece en los ancianos, lo justifican ellos mismos, mayoritariamente, sobre la base de los recuerdos familiares e interpersonales.

Los sujetos encuestados no añoran, en general, objetos que, aunque pudieron tenerse, no se tienen. Lo que contrasta con el sentimiento de pesar que, generalizadamente, mostraban aquellas personas que no conservaban sus cosas favoritas de su infancia y de su adolescencia. Lo que se puede interpretar como que se añoran los objetos que, en su día, estaban plenos de sentido para el sujeto, y por eso le eran favoritos; y no aquellos otros que carecían de significado personal.
Sentimientos de pérdida
Tratamos de observar cómo se reacciona ante una eventual pérdida de algún objeto, y hasta qué
punto el sentimiento de apego subsiste pese a ello.

Los resultados nos ponen de manifiesto que ante la pérdida de un objeto apreciado, la gran mayoría de sujetos siente algún tipo de conmoción por ello, ya que sólo el 0.86 % de los adultos, y el 2.45 % de ancianos reconocen no soportar ninguna impresión especial. Entre la gama de sentimientos por la pérdida, aparece la pena, tristeza o amargura (37.07 % de adultos, y un 39.90 % de ancianos) por un lado, y la resignación por otro (35.63 % de adultos, y un 32.51 % de ancianos). La resignación no es indiferencia; es sujetarse uno voluntariamente a sufrir una cosa por la cual se siente alguna repugnancia; tal conducta sólo elude la desesperación al aceptar un hecho inevitable.

Esta actitud es frecuente en la vida de las personas mayores, en especial ante la desaparición de seres queridos; quizás por una educación muy vinculada al estoicismo y al cristianismo. De aquí la influencia de tipo sociológico. Así se explica que queden amortiguadas o diluidas otras reacciones más primarias, como el enfado o la agresividad (8. 91 % de adultos; y 6.40 % de ancianos), y la desesperación (8.05 % y 10.84 % respectivamente).

Respecto a los objetos perdidos, aquellos que más interesaría seguir conservando son las joyas, tanto a los adultos como a los ancianos; aunque hay un mayor porcentaje a favor de las mujeres (43.81 % de adultas; y 30.47 % de ancianas) respecto a los hombres (11.04 % de adultos; y 13.79 % de ancianas). La razón es evidente, ya que las joyas atesoran una gran gama de vida afectiva, y de recuerdos importantes.

Influencias que determinan la preferencia del sujeto por sus cosas

De las opciones ofertadas para esta cuestión, distintos sujetos han reconocido estar influidos por más de una. Estas influencias reconocidas son importantes.

La educación (15.55 % de adultos; y 7. 39 % de ancianos) aparece con un relativo peso; lo que indica que bastantes personas (más en los adultos) son conscientes de que su personalidad ha sido conformada de una determinada manera. De todos modos, tanto adultos como ancianos muestran que la mayor inducción se debe a la familia (27. 88 % y 38. 92 % respectivamente). Vuelve a ponerse delante la importancia decisiva de la familia en nuestro país. Sería interesante
se investigara más concretamente cómo va evolucionando nuestro sistema familiar, y cuál es su
188 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro anales de psicología, 1998, 14(2) peso real en los individuos de cualquier etapa del ciclo vital. Por último, el segundo porcentaje en importancia (24.13 5 y 22.66 % respectivamente) se refiere a los que niegan estar influídos por alguien en su toma de decisiones, es decir, que se reconocen absolutamente autosuficientes.

Discusión - Conclusiones
En el diseño de este trabajo empírico tratamos de averiguar si, entre las personas adultas, y también entre las ancianas, existen objetos predilectos y por qué tienen tal condición; de modo que el apego físico es una realidad que no sólo se da durante la infancia o adolescencia, sino a través de todo el ciclo vital; y que existe una relación entre la actitud de apego, la edad y el sexo. No obstante, estos resultados obtenidos no pretenden ni pueden sin más generalizarse, ya que la muestra es limitada y realizada al azar; pero sí hemos visto cómo se dan unas tendencias que en sí mismas deben ser consideradas, y tener presentes para otras investigaciones futuras que delimiten más estos resultados que son fundamentalmente descriptivos y que sometemos a su discusión.

En la adultez y senectud, las personas se interesan, profundamente, por aquellos objetos, de ahora o de otras época anteriores, que se relacionan, sobre todo, con recuerdos y vivencias personales. Existe una continuidad, a través del ciclo vital, de objetos favoritos, lo que confirma, desde el ángulo opuesto, la declaración de Cohen y Clark (1984) de que la falta de vínculos con algún objeto, en las primeras etapas de la vida, puede dar como resultado un posterior divorcio con la sociedad. No obstante hay que significar que es difícil ver la niñez, por su distancia, desde la adultez y, sobre todo, desde la ancianidad; al margen de los posibles errores de memoria de nuestros encuestados.

Los significados adscritos a los objetos muestran, para adultos y viejos, las asociaciones interpersonales y familiares principalmente; lo que confirma que su favoritismo se inclina hacia aquellos objetos que tienen resonancias intersubjetivas. Esto viene a confirmar la revelación de Csikszentimihalyi y Rochberg- Halton (1981) en el sentido de que no hay posesiones favoritas si dichas posesiones se muestran desprovistas de lazos interpersonales estrechos. Hay que señalar que aparecen otras razones, como la utilidad y las cualidades del objeto, que vienen a confirmar los cambios evolutivos; es decir, que mientras durante la infancia y adolescencia los objetos interesan por sus cualidades y por sus experiencias divertidas; sin embargo, durante la adultez y senectud surge la razón de utilidad y valor del objeto, sin olvidar la carga afectiva que puedan llevar dichos objetos. Esta carga afectiva del objeto favorito es un sentimiento arraigado, lo que demuestra que las asociaciones familiares y las interpersonales se hacen más importantes con la edad. Esta confirmación fue ya apreciada por Kamptner et al. (1989). También nuestro estudio es coincidente, con el de estos autores citados, en lo que se refiere a objetos que acarrean alguna índole de fortuna. Esta no llega, al parecer, a convertirles en tales objetos, pues mayoritariamente no se admiten objetos que den suerte. Por otra parte, el llamado “valor” que se le da a un objeto puede variar en función de la publicidad comercial de los mass media.

En cuanto a los objetos tranquilizadores o que proporciona compañía, nuestros resultados son ligeramente inferiores (un 55.54 %) a los obtenidos por Kamptner et al. (1989)(casi un setenta por ciento).

En estos autores aparecen en primer lugar los objetos personales, cuando en nuestro estudio, éstos resultan casi inexistentes.

Hay objetos que resultan más importantes para ciertos grupos de edad que para otros por el efecto cohorte. Por ejemplo, los objetos musicales, o los vehículos, aparecen con distinto peso en la adolescencia de las personas adultas, que en la de las ancianas (lo que coincide también con los autores anteriormente citados). Hay que precisar también que el apego, medido en tiempo, no vale igual para unos objetos, como una joya que puede estar siempre con el sujeto, que para otros, como cuando se trata de un vehículo o de un bien inmueble.

Las claras diferencias de género han quedado patentes en las preferencias no sólo infantiles, y adolescentes, sino también en las que actualmente tienen los adultos y ancianos. Aunque estas diferencias resultan muy representativas, somos conscientes de que en el desarrollo personal pueden estar presentes otros esquemas o estereotipos sociales que determinen la adhesión a uno u otro objeto favorito.

La importancia y el significado que los objetos favoritos tienen para la persona no sólo son consecuencia del género, edad y cohorte, sino también del Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 189 anales de psicología, 1998, 14(2) momento evolutivo, según su maduración, nivel cognoscitivo y de las tareas psicosociales impuestas por la sociedad. Así en la elección que el niño realiza por la suavidad o contacto agradable que le proporciona el objeto, también hay que significar el grado de percepción del niño, y su dificultad para internalizar la realidad. Stevenson (1954) y Rochberg-Halton (1984) ya señalaron el papel de los objetos en los procesos evolutivos del self, sobre todo en la primera infancia. También durante la adolescencia, la mujer puede preferir objetos que le afiancen su proceso de autonomía y el sentido del self femenino (ropa, joyas…); mientras que el varón adolescente tiende a los objetos que le identifiquen más con su self masculino.

Las características de la edad adulta y de la vejez pueden orientar la dirección a determinados objetos; así Rochberg-Halton (1984), Erikson et al. (1986) mostraron que, en la edad adulta, las posesiones contribuyen a desarrollar y a mantener el yo, al mismo tiempo que, sobre todo en la ancianidad, facilita a los individuos la memoria de quiénes han sido.

El interés de este estudio, siguiendo a Kamptner et al. (1989) lo podemos resumir en dos puntos. Uno está en complementar de una manera algo sugestiva y nada compleja el conocimiento común sobre el desarrollo psicológico del ser humano. Otro, en explorar cómo los objetos dibujan patrones del curso vital, y su continuidad, de forma que para el individuo funcionan como indicadores silenciosos, o recordatorios, de la historia personal de su vida.

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Los objetos personales favoritos en la adultez y senectud. Una aproximación empírica 191 anales de psicología, 1998, 14(2)

Anexo I: Relación de categorías utilizadas
A OBJETOS
A01 Osos de peluche
A02 Muñecas
A03 Almohadas / Mantas
A04 Libros / Material escolar
A05 Ropa: sombreros, bolsos, camisetas,…
A06 Juguetes infantiles: bicicletas, pelotas, trenes, soldaditos, comecocos, mecanos,…
A07 Equipos deportivos: equipaciones, raquetas,…
A08 Vehículos móviles: ciclomotores, automóviles,…
A09 Discos, tocadiscos y cassettes / Instrumentos musicales
A10 Fotografías / Postales
A11 Objetos de memorias: diarios, anuarios, cartas,…
A12 Realizaciones personales: premios, trofeos,…
A13 Muebles / Antigüedades
A14 Inmuebles: casas, fincas,…
A15 Joyas: anillos, pendientes, pulseras,…
A16 Artículos religiosos: Biblia, Rosario, medallas,…
A17 Colecciones: sellos, monedas, cromos, miniaturas,…
A18 Pequeños aparatos: Cámaras, radios, TV, máquina de escribir,…
A19 Documentos importantes: escrituras, contratos, testamentos,…
A20 Dinero, hucha o cartilla de ahorro
A21 Obras de arte: cuadros, porcelana, cerámica,…
A22 Cosas de uso personal: perfume, estuche de aseo,…
A23 Comida
A24 Flores
A25 Herramientas
A26 Otros
A27 No tiene o No quiere
A28 Sí tiene
A29 No recuerda
A30 No contesta
B SIGNIFICADOS
B01 Recuerdos de familia
B02 Recuerdos interpersonales
B03 Personificación
B04 Asociaciones culturales, religiosas, deportivas.
B05 Experiencias divertidas
B06 Cualidades intrínsecas de los objetos
B07 Valor utilitario
B08 Valor personal
B09 Seguridad
192 Nazario Yuste Rossell e Ignacio Gonález Almagro
anales de psicología, 1998, 14(2)
B10 Comodidad
B11 Única posesión
B12 Sin significado
B13 Otras
B14 No contesta
C MOMENTOS
C05 Siempre está con el objeto
C06 A menudo está con el objeto
C07 A veces está con el objeto
C08 Nunca está con el objeto
C11 No contesta
C12 No recuerda
D SENTIMIENTOS DE PÉRDIDA HACIA LOS OBJETOS
D01 Pena / Tristeza / Amargura
D02 Desesperación
D03 Agresividad / Enfado
D04 Resignación
D05 Sin ningún sentimiento especial
D06 Otros
D07 No contesta
E INFLUENCIAS EN LA PREFERENCIA RESPECTO A LOS OBJETOS
E01 De la familia
E02 De la educación
E03 De la sociedad en general
E04 De los amigos
E05 Sin influencia
E06 No contesta